Romanticismo y Realismo





romanticismo y realismo A finales del siglo XVIII, en pintura y escultura se produjo una reacción contra la rigidez académica y una afirmación de libertad y eclecticismo sin limitación alguna. Este movimiento dará lugar a la aparición de dos corrientes estéticas: el Romanticismo y el Realismo.

 

Frente al racionalismo del siglo de las Luces, el Romanticismo preconiza un culto a los sentimientos, una adoración de la sensibilidad o, aún mejor, de la sensualidad. Los románticos conciben el objeto artístico como la expresión inmediata del sentimiento, como la autorrealización espontánea de la individualidad del artista.

 

ESCULTURA

 

Por su parte, el realismo surge como oposición al idealismo de clásicos y románticos y propone buscar el reflejo de la realidad objetiva y la descripción de la naturaleza y de la vida cotidianas.

 

En el proceso de invalidación del Neoclasicismo, Francia fue la primera en abandonar los temas mitológicos para centrarse en las representaciones históricas o de la vida cotidiana. Los principales escultores franceses de este periodo son Jean-Baptiste Carpeaux (autor del grupo escultórico Danza en la fachada del teatro de la Ópera de París, del monumento-fuente Las cuatro partes del mundo en el jardín del Luxemburgo, del Busto de la Princesa Matilde) y su discípulo Jules Dalou (que esculpió el Triunfo de la República en la plaza de la Nación y el Monumento a Delacroix en el jardín del Luxemburgo, grupos que representan el triunfo de la
tendencia naturalista.

 

Pero la figura más excepcional de este periodo es Auguste Rodin (1840-1917), quien tras una estancia en Bélgica y un viaje a Italia en el que tuvo ocasión de conocer la obra de Miguel Angel, volvió a Francia y esculpió la figura de un joven con un naturalismo vigoroso (La edad de bronce), lo que le ganó el favor del público. Poco después realizó su San Juan predicando, que le valió el encargo para realizar una de las puertas del Louvre, a la que llamó Puerta del Infierno en honor de Dante, que sintetiza su temática y su estilo. En 1884, el municipio de Calais le encargó la que sería su obra maestra: Los burgueses de Calais. Otras obras muy representativas de Rodin son: Las sombras, Eva, El pensador, El beso y El dolor. También son importantes sus retratos: el de Víctor Hugo rodeado de un grupo de muchachas, el de Balzac (sin ningún atributo ornamental como exigía la convención), los de Clemenceau y Mirabeau.

 

En España, los escultores más claramente naturalistas son Ricardo Bellver (Angel caído del Retiro de Madrid), Jerónimo Suñol (autor del Dante del Museo de Arte Moderno) y Agustín Ouerol (Monumento a Quevedo).

 

El naturalismo español culmina con la obra de Mariano Benlliure, que trabaja a fines de siglo, ejecutando obras de un gran contenido popular, como el Monumento a Martínez Campos en el Retiro, sus temas taurinos (Monumento funerario a Joselito) y sus estudios de niños (El accidente del monaguillo).



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