PLAGA





Plaga y Plaguicidas

Se calcula que las plagas y enfermedades destruyen anualmente un tercio de las cose­chas agrícolas del mundo. Las cosechas pue­den ser dañadas en cualquier etapa de su crecimiento, de su recolección y de su alma­cenamiento. El problema es aún más agudo en los países poco desarrollados. Por ejem­plo, el rendimiento del arroz en Australia es de 6,45 toneladas por hectárea, mientras que en India el promedio es de sólo 1,60 tm/ha; y, en algunos países de África, baja hasta 0,5 tm/ha. Aunque son muchos los motivos que provocan estas diferencias, los factores principales son la infestación de los cultivos por insectos y la invasión de los cultivos por malas hierbas que consumen nutrientes.

En agricultura, una plaga es cualquier or­ganismo que perjudica o destruye plantas úti­les al hombre; el término se aplica indiscrimi­nadamente a insectos, mamíferos y aves dañinos. Los cultivos resultan perjudicados también por la acción de microorganismos que producen enfermedades y por la compe­tencia con plantas silvestres o malas hierbas.

Los principales grupos de plaguicidas son los insecticidas, los fungicidas (contra los hongos) y los nematicidas (contra los nema- todos, minúsculos gusanos que se comen las raices de las plantas). Los herbicidas son compuestos químicos que destruyen las ma­las hierbas. En las regiones tropicales y sub­tropicales, los productos más usados suelen ser los insecticidas. Pero en EE.UU. (que uti­liza tantos productos químicos agrícolas como el resto del mundo junto) se usan más los herbicidas que los plaguicidas.

La cantidad de plaguicida necesaria por unidad de superficie es pequeña, y suele apli­carse diluyendo el concentrado comercial atomizándolo y espolvoreándolo. Junto con los progresos en los fertilizantes, en las técni­cas agrícolas y en el desarrollo de variedades de cultivo mejores, los plaguicidas y herbici­das han contribuido a aumentar la produc­ción de alimentos y a mejorar su almacena­miento, la silvicultura y la horticultura.

Aunque los insecticidas químicos ya se usaban antes, lo que inició el espectacular auge de los plaguicidas orgánicos sintéticos fue el descubrimiento de las propiedades in­secticidas del DDT en 1939. Uno de los ejemplos más notables de los beneficios que supone una campaña intensa y sostenida de control de las plagas lo proporciona Japón: al final de la II Guerra Mundial, su producción de arroz apenas sobrepasaba 1,6 tm/ha; des­de entonces, el cultivo del arroz se ha transformado en una producción rentable y de alta calidad que da un promedio de 6 tm/ha.plagas de insectos

Las plagas de insectos reducen la productividad y el rendimiento de los cultivos. Reducen el vigor de la planta y pueden resultar fatales. Por ejemplo, si los áfidos de las judias se dejan sin trataren los tallos, se multiplicarán a una tasa creciente durante los meses de verano. En un tallo de judia, el número puede crecer desde unos 200 a principios de junio hasta unos 2.000 al final de julio. Pero si a mediados de junio se trata a los áfidos, el número disminuye bruscamente desde 400 a menos de 100 por tallo. El rendimiento de la cosecha sube espectacularmente. Por cada centenar de áfidos que son destruidos se obtiene un beneficio cada vez mayor.



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