Formación de Nubes





Las nubes están formadas por millones de gotitas de agua líquida o cristalitos de hielo demasiado livianos para caer de la atmósfera. Las partículas de las nubes se forman a partir del aire cargado con vapor de agua cuando la temperatura desciende por debajo de un nivel crítico, llamado punto de condensación. En­tonces las gotitas liquidas se pueden congelar, formando cristales de hielo. Pero antes de que se puedan formar partículas de agua o de hie­lo, deben ocurrir dos cosas: primero, el aire húmedo debe ascender, reduciendo su presión y cediendo su calor a la atmósfera veci­na; y segundo, debe haber partículas de polvo en las que pueda condensarse el vapor, for­mando gotas o cristales de hielo. Las minús­culas partículas reciben los nombres, respecti­vamente, de núcleos de condensación y nú­cleos de hielo.

La formación de una nube no significa ne­cesariamente que precipitará. La condensa­ción no puede crear gotitas o cristales que resistan el descenso a tierra. Se evaporarían aunque fueran suficientemente grandes para contrarrestar la fuerza del aire ascendente. Hay otros dos mecanismos que intervienen en ello: el proceso de Bergeron, o de los Cris­tales de hielo, y el proceso de coalescencia. En nubes que contienen tanto cristales de hie­lo como gotitas de agua superenfriada (agua a menos de 0° C), las gotitas se evaporan y el vapor se condensa sobre los cristales de hielo. Los cristales crecen a expensas de las gotitas hasta que son suficientemente grandes para caer de la nube. Si se funden por el camino (lo más frecuente), a nivel del suelo son lluvia. Si la nube no contiene cristales de hielo, las partículas de precipitación crecen por coalescencia de gotitas de distinto tamaño a medida que van cayendo por dentro de la nube. Cuanto mayor llega a ser una gota, más efi­caz es su absorción de las menores y más po­sibilidades tiene de llegar al suelo.

Las dos formas básicas de las nubes —en estratos o en cúmulos— se originan por los dos modos diferentes de ascender el aire. Cuando el aire asciende lentamente sobre zo­nas extensas a velocidades de pocos centíme­tros por segundo, se forman nubes estratifi­cadas (en capas). Esto ocurre frecuentemente en los ciclones, sobre todo en sectores cálidos y en frentes cálidos. El ascenso rápido del aire (a varios metros por segundo) tiene lugar en corrientes de convección que, normalmen­te, ocupan sólo unos pocos centenares de metros de extensión junto al suelo. Estas co­rrientes se ensanchan con la altitud, pero las nubes cumuliformes (en forma de montón) resultantes no suelen tener más que escasos kilómetros de anchura. Si la atmósfera es inestable, pueden crecer y formar las enormes nubes llamadas cumulonimbos.

El sistema más fácil para identificar una nube es ver su forma y su altura sobre el suelo. Luke Howard, un químico de Londres, fue el primero que presentó, en 1833, una cla­sificación de las nubes. Ésta es aún la base de la clasificación internacional de la Organiza­ción Meteorológica Mundial. Hay diez tipos de nubes, que se agrupan en tres familias se­gún su altura: las más altas —de 8 a 10 km—, formadas de hielo, se llaman cirros, cirroestratos y cirrocúmulos; las medias —de 3 a 8km—, de agua y hielo, se llaman altocúmu­los y altoestratos; las bajas —menos de 3 km—, en general formadas de agua, se llaman estratos, estratocúmulos y nimboestratos. Los cúmulos y cumulonimbos son nubes de desarrollo vertical. Hay muchas variaciones de estos diez tipos, que se presentan mezcla­dos en formas híbridas.

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Distintos tipos de nubes

Los distintos tipos de nubes se ilustran mejor en el contexto familiar de una depresión frontal de latitudes medias. La mayoría de los tipos principales se producen con estos ciclones. Aquí se representa, en esquema, una depresión del hemisferio Norte, vista desde el sur, moviéndose desde el oeste [izquierda] al este [derecha]. Está en fase de madurez, anterior al estadio de oclusión, y se ven con claridad ambos frentes, el cálido [1] y el frío [2]. Sobre el frente cálido, cuya pendiente puede ser de 1/100 a 1/350, el aire se eleva masiva y lentamente hasta una gran altura. En el proceso se desarrolla toda la serle de nubes de tipo capa, desde los cirros [3] y altocúmulos [4] hasta los nimboestratós [5].’ La zona de precipitación, a menudo asociada a estos tipos de nubes y, en especial, a los nimbóestratos, se sitúa en general por delante de la superficie del frente cálido y es más o menos paralela a ella [6]. La turbulencia puede provocar el ascenso de alguna nube y producir lluvias conectivas fuertes, así como la típica lluvia de frente cálido, en general más ligera y más extendida. Los estratos a menudo ocupan el sector cálido, pero en el frente frió se produce un cambio muy marcado. Aquí, el viento vira (soplando en una dirección más parecida a la de las agujas del reloj) y a menudo se encuentran nubes de tipo cúmulo [7] en el aire frió situado detrás del frente. En el frente mismo, la atmósfera suele ser inestable y los cúmulos se transforman en cumulonimbos [8]. Los cirros —de todos los tipos— pueden extenderse por toda la depresión, y con frecuencia se yuxtaponen con las formas de yunque de los nimbos. Estos cambios de nubes van acompañados por . los cambios de presión, de temperatura y de humedad del viento que el observador en tierra detecta al paso de Ios frentes.



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