CONTROL BIOLOGICO II





Control del Suelo

Un campesino mixto es más autosuficiente que uno especializado. Así, a diferencia del avicultor y del criador de cerdos, aprovecha el estiércol: lo echa a la tierra.

El cuidado del suelo es la piedra angular del cultivo biológico. Los microorganismos y animales subterráneos mejoran la estructura del suelo, liberan nutrientes para las plantas y, según algunos, combaten ciertas enferme­dades. Para mantenerles activos, el campe­sino les proporciona abono orgánico y culti­va con cuidado para mantenerlos en los 10 ó 20 cm superficiales del suelo, donde se rea­liza la mayor parte del trabajo de fertilización. Los cultivos de hierbas de raíces profundas suben a la superficie diversos nutrientes desde los niveles inferiores del suelo. Proporcionan alimento nutritivo al ganado y mejoran la es­tructura del suelo. Al ararlos, dan gran canti­dad de materia orgánica. Si se sostienen durante 5 años, pueden producir material orgánico suficiente para a continuación culti­var tres cosechas de cereales sin añadir fertili­zantes químicos.

Los cultivos biológicos suelen obtener ren­dimientos inferiores a los que usan fertilizan­tes químicos, y algunos campesinos orgáni­cos compran estiércol fuera para aumentar su productividad. Los cultivos de arado favorecen el crecimiento de malas hierbas, y el negarse a tratarlas con herbicidas químicos impide el poder adoptar una rotación de culti­vos con un predominio de los cultivos de este tipo, lo cual es otra causa de que la produc­ción sea relativamente baja.

Algunos cultivos biológicos son arriesga­dos: las patatas no fumigadas pueden arrui­narse por la roya; la remolacha, por virus; y las judías, por los pulgones. Sin embargo, con cereales y forrajes se puede obtener un sano equilibrio ecológico espontáneo, por un creci­miento “no forzado” y una población sana de microorganismos del suelo.

productividad La baja productividad de un cultivo biológico puede compensarse con el considerable ahorro de productos químicos. Una granja convencional tiplea [A] puede constar de unas 240 hectáreas (cada cuadro son 40 ha), de las cuales un tercio se dedica al cultivo de cereales, los cuales producen 5.000 kg/ha (1 saco = 125 kg) de trigo y 4.375 kg/ha de cebada. En los dos tercios de la granja dedicados a pasto hay 400 vacas (a una densidad de 0,4 ha por vaca), que producen diariamente 5.500 litros de leche. Una granja biológica de igual tamaño [B] puede llegar a sostener 500 vacas, pero a una densidad menor 0,32 ha por vaca y produciendo 4.800 litros de leche. De cereales, se producen 4.500 kg/ha de trigo y 4.750 kg/ha de avena.



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