Clerecía





Segunda Parte

El genero poético, que en su primera época vimos aplicado a vidas de santos y leyendas e historias clásicas, se vuelve ahora sobre la realidad circundante, en tono que alterna lo lirico con lo humorístico. Un nuevo fondo social se trasluce: ya no son solo los conventos y la llanura con guerreros sino asimismo el naciente medio urbano con su incipiente burguesía realistasociedad y cultura y practica, que, aunque en Castilla no alcanzara la misma duración que en Europa -ni que en Cataluña-, si llega a crear un conato de ‘cultura secular’ que ira viviendo en la medida que pueda arrimarse a la nobleza. Tal es el mundo del Libro de buen amor, de Juan Ruiz (Arcipreste de Hita, si hemos de creerle en las escasas pinceladas de auto presentación que traza en su obra). La verdad es que no sabemos nada seguro de el; en los respectivos manuscritos se dice que hacia 1330 dio a conocer su obra y que fue reelaborada luego, hacia 1343, al parecer en la cárcel. Pero, con el tono de broma que preside el libro, mas vale dudar de que su autor hubiera nacido en Alcalá de Henares, como dice, y de que fuera Arcipreste de Hita, y de que se llamara Juan Ruiz, nombre sospechosamente vul­gar.

Con todo, esto no afecta a la obra, que, en cualquier caso, es de un ‘clérigo vagante’ de vida no muy ejemplar. Buen amor alude a la contraposición clásica del "buen amor" y el "loco amor", pero el autor gasta una cruel broma, que es dar el alias de "buen amor" a cierta vieja medianera -lo que luego se llamaría una celestina, "Trotaconventos", con lo que la hace titular del libro que hoy día lleva su nombre.

Pero el libro, en otras épocas (en el siglo XV y en e! XIX, porque en el Siglo de Oro estuvo casi olvidado) recibió el nombre de Libro de los cantares del Arcipreste,clerecia lo que subrayaba la importancia de los poemas liricos incrustados en él, aunque cerca de una docena de ellos se han desprendido y perdido, quedan más de otros tanoas -a veces siguiendo la forma del zéjel moruno-, alternando las invocaciones más elevadas a la Virgen con trovas cazurras al borde de la indecencia o la irreverencia.

No se debe creer que el Libro de buen amor tenga una intención definida ni que constituya una obra unitaria en su plan. Es una miscelánea, lo que hoy diríamos las ‘obras completas’ de un poeta, con un revoque externo para presentarlas como un solo paquete y, siguiendo la costumbre que durara hasta el Si­glo de Oro, con un púdico delantal de prólogo en que el autor declara sus intenciones moralizadoras y ejemplares, escarmentando al lector en cabeza ajena, etcétera.

La gracia del Libro de buen amor esta en su heterogeneidad, en su riqueza incluso lingüística y formal. Su vocabulario es de riqueza cimera en la literatura medieval, llegando a construcciones personales nunca más repetidas  o complaciéndose en juegos idiomáticos como en el dialogo con una mora que responde en árabe, o extendiéndose en 28 versos en un catalogo de instrumentos musicales de la época.

Otras obras ubicadas dentro del mester de clerecía son el Libro de miseria de omne, de algún clérigo montañés, recordado especialmente por ciertos curiosos pasajes de ‘critica social’ hechos desde el punto de vista popular; el poema del José del Antiguo Testamento, compuesto a modo del Corán y escrito en forma ‘aljamiada’, es decir, en caracteres arábigos y, sobre todo, el Rimado de palacio, del canciller Pedro López de Ayala (1332-1407), de estructura un tanto heterogénea como el Libro de buen amor, con algunas canciones y algún ‘dictado’ en dodecasílabo, pero animado por un espíritu de sombría critica y de grave reflexión moral.

Se suele decir que en el poema se nota la huella de su prisión en una jaula deimagen la clerecia hierro tras el desastre de Aljubarrota -aunque, en definitiva, el Canciller se mostrara tan afortunado como hábil en su política perso­nal. También podríamos verlo como hito literario del ‘cambio de coyuntura’ social que se produce en la se­gunda mitad del siglo XIV, con la "Peste negra" y -para Castilla- con la hegemonía de la nobleza al ser muerto don Pedro El Cruel por su hermano don Enrique "el de las Mer­cedes".

El panorama poético de la época -aparte de las Mocedades de Rodrigo, ya anteriormente aludidas-se completa con algunas composiciones de verso corto; el extensísimo y poco agraciado Poema de Alfon­so XI, ajeno al tono épico tradicional y mas bien documento rimado y los Proverbios de Don Sem Tob, rabino de Carrión, abundantes en delicados aciertos líricos. Los Proverbios están dedicados al rey Don Pedro, declarando que no valen menos "porque judío los diga". Pero desde fines del siglo XIV, con sus pogrom -antisemíticos-ya no se podrá levantar otra voz judía española con tan autorizada confianza.



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