Trasplante de Arboles
Los árboles cultivados en vivero son los más fáciles de trasplantar; el sistema de cultivo que se les aplica está orientado a este fin. Con cuidado, es posible trasplantar árboles ya enraizados a un lugar mejor. Los árboles grandes son los más difíciles de trasplantar y requieren numerosa mano de obra o enormes máquinas. Aun así, el árbol no sobrevive sin laboriosos preparativos, iniciados dos o más años antes. Primero se cavan zanjas a uno de sus lados, después al otro con un intervalo de un año; las zanjas se rellenan de mantillo de hojas. El árbol llena el mantillo con raíces de absorción fibrosas hasta formar un sistema compacto, que permite trasladarlo sin que la mitad se pierda. En viveros sobre suelos arenosos y ligeros, es posible trasladar los árboles cada año con la finalidad de que no formen raíces profundas y sea más fácil trasplantarlos.
Los árboles más fáciles de trasplantar —los aficionados pueden cambiarlos de lugar dentro de su jardín— son las coniferas de jardín típicas: cipreses y tuyas (Thuja), duyas raíces se apelotonan cerca de la superficie del suelo. Dos hombres pueden preparar en un día un nuevo hoyo, desenterrar y trasladar un árbol de hasta 6 m con el cepellón de raíces casi intacto. Con un tutor robusto o con vientos de cuerda y riegos regulares durante un año, hay probabilidad de éxito.
Plantar un árbol es sencillo; en las repoblaciones forestales se plantan decenas de miles. Se hacen hoyos, se meten las raíces y se afirma la tierra sobre ellas. Pero las garantías aumentan si a los árboles se les prodigan atenciones. La plantación en hoya, colocando el árbol en una pequeña depresión, favorece el flujo del agua en las zonas secas; por el contrario, la plantación en terreros, que se practica con el árbol ligeramente elevado sobre el nivel del suelo, conviene más a los suelos muy empapados.
