Pintura del Romanticismo





pintura del romanticismo El iniciador de la pintura romántica francesa fue Théodore Gericault (1791-1824), cuyo estilo, caracterizado por un rico colorido y por una aguda observación de la realidad, rompió con los moldes neoclásicos entonces en boga. Su obra maestra es La balsa de la Medusa.

El máximo exponente de la pintura romántica es Eugéne Delacroix (1798-1863), en cuya obra Las matanzas de Quíos, expuesta en el Salón de 1824, enfrenta su rico colorido con la monotonía cromática de los neoclásicos davidianos. Su obra más popular, La muerte de Sardanápalo, inicia un tipo de cuadro de temática orientalizante y exótica que se intensificaría
tras su viaje por Africa (Las mujeres de Argel). Su cuadro La libertad guiando al pueblo se ha convertido en la representación simbólica de la Revolución de 1830.

En Camille Corot (1796-1875) se pueden distinguir dos momentos: uno de inspiración paisajista, derivado de su formación italiana, y otro en el que la preocupación por los colores y los cambios luminosos permiten considerarlo como un precursor del impresionismo. Sus obras más importantes son La catedral de Chartres y La mujer de la perla.

Por último, Théodore Rousseau (1812-1867) es el creador de la escuela paisajística de Barbizon. Su obra cumbre es El bosque de Fontainebleau.

Paralelamente, se fue abriendo paso la corriente de la pintura realista. Honoré Daumier (1808-1879) se hizo famoso como dibujante (cuatro mil litografías publicadas en revistas satíricas). Su Gargantúa, retrato satírico de Luis Felipe, le costó seis meses de cárcel. A partir de 1848 se dedicó a la pintura, con cuadros de tema análogo y cálido colorido, como su Vagón de tercera, El motín. Historias del Quijote.

Jean-Frangois Millet (1814-1875) es el pintor del trabajo monótono y duro de los campesinos. Tras realizar El sembrador y Las espigadoras, se retiró a Barbizon con Rousseau, donde siguió con sus temas campesinos (El Angelus, Pastores guardando las ovejas).

El máximo representante del Realismo francés es Gustave Courbet (1819-1877). Su forma de entender el arte y sus gestos políticos (rechazó la Legión de Honor, fue diputado de la Comuna) le valieron la hostilidad de los reaccionarios y el fervor de los progresistas. Entre sus obras destacan Los picapedreros. El taller. La siesta, Retrato de la familia de Proudhon.

En Inglaterra, el más importante paisajista fue John Constable (1776-1837), quien, con su actitud naturalista y su manejo del color, contribuyó a la renovación de la pintura academicista (Vista cerca de Londres, Canal de Inglaterra y La carreta del heno).

El más grande pintor inglés fue William Turner (1775-1851). Excelente dibujante, a medida que su obra evolucionaba fue abandonando la precisión del dibujo para convertir sus lienzos en auténticas sinfonías cromáticas. Turner fue el pintor de la bruma inglesa, de los puentes del Támesis, del humo de las fábricas y locomotoras y también de extraordinarias escenas marinas.

El mejor retratista fue Thomas Lawrence (17691830). En sus retratos masculinos sabe captar el carácter de sus personajes con total objetividad (Carlos X, Pió VII, John Abernethy).

Aunque sea mucho más conocido por su labor como escritor, debe citarse entre los pintores románticos de esta etapa a William Blake (1757-1827), cuyas obras tienen un alto valor simbólico. Ilustró la mayoría de sus obras literarias (Bodas del cielo y el infierno).

A mediados del siglo XIX surgió en Inglaterra un movimiento pictórico cuya intención era volver a pintar al modo renacentista anterior a Rafael: tomó el nombre de The Pre-Raphaelite Brotherhood (P.R.B.. hermandad de prerrafaelitas). Su arte evolucionó hacia la creación de un ámbito poético ensoñador, vagamente sensual en ocasiones y evasivo siempre. Sus tres máximos representantes fueron Dante Gabriel Rossetti (pintor de sensuales heroínas románticas), Holman Hunt (que se dedicó casi exclusivamente al género religioso) y J. Millais (autor de la excelente Muerte de Ofelia).

Intimamente relacionados con los prerrafaelitas ingleses están los nazarenos alemanes, movimiento artístico encabezado por el pintor J.F. Overbeck, que pretendió reaccionar contra el Neoclasicismo recogiendo el legado romántico de la tradición germánica, mezclándola con una orientación mística de origen cristiano.

En España, el primer pintor romántico, Federico de Madrazo (1815-1894), sobresalió sobre todo como retratista (Duquesa de Alba).

Antonio María Esquivel (1806-1857) se hizo famoso con sus cuadros de temas históricos, religiosos y, sobre todo, con sus retratos (Lectura de Zorrilla).

La tendencia realista apunta débilmente en la obra de Eduardo Rosales (1836-1873), pintor de cuadros de historia (El testamento de Isabel la Católica). Mariano Fortuny (1838-1874) fue el mejor pintor español de la época. De su viaje a Marruecos le vino el interés por la luz y los colores intensos que le inspiraron sus cuadros
La odisea y La batalla de Tetuán. Su estancia en París representó el inicio de una época detallista y preciosista, durante la cual pintó obras de gran perfección técnica como El coleccionista de estampas.



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