Las Clases Sociales

La sociedad de clases constituye una división de la colectividad en estratos y jerarquías basados principalmente en las diferencias de ingresos y riquezas. El sistema de clase permanece muy ligado al sistema productivo y constituye el tipo de estratificación típico de sus sociedades industriales y capitalistas surgidas en Europa en los siglos XVII-XIX y paulatinamente extendidas al resto del mundo.

 

Por su complejidad, el sistema de clases presenta graves dificultades a la hora de su conceptualización. Las fronteras entre las clases no presentan unos límites precisos y, a diferencia de los sistemas estamentales, los individuos en los modernos estados de derecho son iguales ante la ley. Las clases no son grupos cerrados y organizados y el grado de movilidad social, ascendente o descendente, es relativamente elevado. Las clases sociales son agrupamiento de hecho, es decir, colectividades de personas en que sus miembros participan sin que eso sea explícitamente querido por ellos ni que obedezcan las órdenes de un poder preciso; aunque en muchos casos existirá conciencia de pertenecer a este agrupamiento (conciencia de clase). Constituyen agregados de personas que detentan unos status de ingresos, prestigio, etc., similares, con todas las connotaciones que de ello se derivan (poder, nivel de vida, cultura), y que desempeñan unas funciones económicas con cierto grado de similitud dentro del proceso productivo.

 

Al igual que sucede en los restantes sistemas de estratificación social, las clases sociales constituyen un sistema jerarquizado, cuya composición y clasificación han variado considerablemente desde comienzos de la era industrial.

 

Así, por ejemplo, la clase alta ocupa unas funciones relacionadas con la propiedad o control de la riqueza y con la máxima dirección de los procesos productivos, aunque no exclusivamente, ya que, como se explicará posteriormente, ciertos grupos de individuos no relacionados directamente con la economía pueden ser asimilados a dichas clases altas (altos funcionarios del estado, élites de ciertas profesiones, etcétera. Por otra parte, la proliferación de lo que, por comodidad, se
ha denominado «clases medias», plantea serios problemas a la hora de establecer una clasificación y una caracterización de las mismas, puesto que también incluyen diferentes status.

 

Es evidente que en las modernas sociedades altamente industrializadas, tecnificadas y urbanas, el tema de la estratificación social se ha complicado extraordinariamente. A comienzos de la era industrial, época en la que Marx realizó sus estudios y divulgó sus teorías. la relativa sencillez del tejido social posibilitaba la simplificación de los análisis y un cierto esquematismo de los mismos.

 

Marx, cuyos análisis sobre el tema de las clases sociales han tenido una especial relevancia no sólo sociológica sino política, utilizó el término «clases» en un sentido mucho más amplio que el de la moderna sociología. Para él, en el seno de los diversos sistemas socioeconómicos que se han sucedido a lo largo de la historia, han existido siempre dos sectores o clases antagónicas: patricios y esclavos en los imperios esclavistas de la antigüedad; señores feudales propietarios de la tierra y siervos de la gleba (campesinos) en los sistemas feudales de la edad media; feudales y burgueses en los sistemas de feudalismo tardío del antiguo régimen; burgueses y proletarios en las sociedades capitalistas industriales. Esas dos clases relacionadas se definirían por el papel que ocupan respecto a las relaciones de producción (propietarios de los medios de trabajo y fuerza de trabajo).

 

Para Marx, la historia de la humanidad no es sino la historia de la lucha de clases y los sistemas sociales se suceden en función del desarrollo de estas luchas. Hay que tener en cuenta que Marx elaboró sus teorías sobre el análisis de la sociedad británica de mediados del siglo xix, en donde las diferencias y antagonismos entre burguesía y clase obrera eran relevantes y, a nivel histórico, sobre el paso de la sociedad semifeudal del antiguo régimen a la sociedad capitalista. Una de las principales críticas realizada a las teorías de Marx radica precisamente en la dificultad de trasladar el modelo metodológico por él utilizado para analizar la sociedad europea moderna y contemporánea u otros sistemas sociales (como la sociedad hindú de castas).

 

Marx no descartó la existencia de otras clases sociales, pero las consideraba poco importantes (tanto política como económicamente) y creyó que en su mayoría se encontraban en trance de desaparición por estar ligadas a sistemas de producción en extinción. Así, en la sociedad de su tiempo existirían elementos pertenecientes a la aristocracia que, a medida que fuese avanzando y se consolidara el capitalismo, desaparecerían para dar paso a una burguesía agraria. Lo mismo sucedía con los todavía, en aquella época, amplios sectores de la pequeña burguesía tanto urbana como rural (artesanos, pequeños comerciantes, pequeños agricultores, etc.), pertenecientes a un modo de producción, el artesanal, en clara regresión y sujeto a una rápida absorción por el capitalismo. Para él, estos sectores sociales, situados entre la burguesía y el proletariado, terminarían proletarizándose (se convertirían en obreros) y acabarían desapareciendo como consecuencia de la dinámica del propio sistema capitalista, que tiende a integrar a los sectores del pequeño capital en beneficio del gran capital y de los monopolios.

 

Para Marx, la burguesía propietaria de los medios de producción sería cada vez más reducida y concentraría en sus manos una riqueza creciente; la clase obrera, por el contrario, sería más numerosa (como consecuencia de la proletarización de las capas medias pequeñoburguesas) y progresivamente más pobre.

 

El aumento del nivel de vida de la clase obrera (especialmente la aparición de unas extensas clases medias) y el mantenimiento de las pequeñas burguesías han provocado diversas revisiones y críticas de la obra de Marx.

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Las condiciones de vida y la dureza del trabajo de la clase obrera pueden ser muy diferentes. Arriba se observan dos mineros de una mina del Ruhr que vuelven a la superficie después de haber permanecido bloqueados bajo tierra durante unos días. Abajo, obreros de la empresa Olivetti (Italia) realizando el montaje de microcomputadores.

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Los Estamentos

los estamentos El segundo sistema de estratificación, el de estamentos, órdenes o estados, típico de las sociedades feudales, se define por una peculiar forma de posesión de la tierra y en él existen unos estratos sociales claramente definidos por la ley y las costumbres.

 

En la cima de la pirámide se situaba la familia real y la nobleza propietaria de la tierra, que ocupaba así mismo los puestos relevantes del rango militar. Junto a ellos estaba el clero, con diferencias sociales entre el bajo clero y el alto clero, este último equiparado, por su status, influencia y poder, con la nobleza, de la que provenían muchos de sus miembros. A continuación venía el tercer estado o estado llano: mercaderes, artesanos y comerciantes, básicamente concentrados en las ciudades. En el nivel más inferior, estaban los campesinos o siervos de la gleba, ligados de por vida al señor feudal, propietario de las tierras; sus siervos estaban obligados a entregarle una parte de las cosechas, a prestarle servicios de tipo personal y servil y a formar parte, como soldados, de sus ejércitos.

 

Aunque absolutamente jerarquizados, los estamentos no constituyen un sistema tan cerrado como el de las castas. Un siervo podía ser liberado por su dueño o un joven campesino con cualidades personales singularmente brillantes podía ascender en la escala social ingresando en el clero o en la milicia. El rey podía otorgar un título nobiliario a un plebeyo o el hijo de un rico mercader podía casarse con la hija de un aristócrata.

 

Otro tipo de sociedades, especialmente los imperios inca y maya o el Japón anterior a los Meijis, constituían sistemas de estratificación social similares, aunque con sus naturales diferencias, al tipo estamental característico de la Europa feudal. Así mismo, las sociedades esclavistas del tipo de Roma o Grecia, presentaban muchos elementos comunes al sistema estamental. Se podía ser esclavo por nacimiento, pero también por captura, por venta, por sanción legal, etc.; aunque se podía dejar de serlo por manumisión, concesión estatal, etcétera.

 

El sistema estamental en Europa se quebró a lo largo de los siglos XIII-XVIII como consecuencia de una serie de factores de orden interno, principalmente económicos, con la aparición y desarrollo paulatino en sus mismas entrañas del capitalismo comercial. Como consecuencia, se asistió a la transformación de los mercaderes en clase capitalista-burguesa, a la revolución científica y técnica y, finalmente, a la aparición de la manufactura y los primeros síntomas de la revolución industrial. Las revoluciones burguesas líbenles en Gran Bretaña, Holanda y Francia (siglos XVII-XIX), disolvieron el sistema feudal estamental y dieron origen al tercer sistema de estratificación social: sus clases sociales.

Las Castas

las castas El sistema hindú de castas es un tipo de estratificación cerrado. Se ingresa en una casta por el nacimiento y se sale de ella por la muerte. En su seno, los estratos sociales están formados por grupos cerrados dispuestos en un orden de superioridad a inferioridad. El status de un individuo permanece invariable a lo largo de toda su vida y, en consecuencia, ocupa una determinada posición social con sus deberes y obligaciones. No existiendo ningún medio que permita la movilidad social individual, los integrantes de una casta carecen de la posibilidad de ascender o descender en la escala social, ni siquiera a través del matrimonio, dado que las castas son endogámicas. El sistema de castas presenta una clave religiosa sin la cual no se habría sostenido casi inmutable a lo largo de varios milenios.

 

Aunque no se conoce con exactitud el origen de las castas, las primeras menciones escritas del sistema se encuentran en el Libro de los Vedas, compuesto aproximadamente hacia mitad del segundo milenio a. de C. En la cima del sistema se encontraban los brahmanes o sacerdotes, encargados de mantener el orden sagrado bajo la legitimidad divina; gozaban del status más elevado y de la máxima autoridad moral y religiosa. Le seguían los chatrias, casta de los guerreros, que constituían la aristocracia militar y estaban encargados de mantener el orden social y proteger las ciencias sagradas. A continuación se situaban los vaisyas, los más numerosos, que eran los agricultores, ganaderos, artesanos y comerciantes. El grupo más inferior estaba constituido por la casta de los sudras, que realizaban los trabajos físicos y manuales y todo tipo de obligaciones serviles; no se les consideraba ritualmente puros, como a las tres primeras castas, y formaban la base de los ejércitos (soldados). Finalmente, ajenos a las castas y por debajo de ellas estaban los parias o intocables, miembros de las tribus que no formaban parte de la comunidad espiritual y religiosa hindú.

 

En la práctica, el sistema social hindú nunca funcionó únicamente con cuatro castas (más los parias). Con el paso del tiempo, en el seno de cada casta se formaron numerosas subcastas, con sus propias normas de conducta. Entre ellas existía una cierta movilidad social, aunque el paso de una casta principal a otra siguió prohibido.

 

Así mismo, cabe señalar que el sistema de castas constituye un modelo de diferenciación laboral y de división del trabajo perfectamente definido, en el que un individuo no puede cambiar de posición ni siquiera por sus cualidades profesionales: una persona que nazca en el seno de los vaisyas no puede aspirar a convertirse en jefe militar o sacerdote; como máximo, podrá cambiar de profesión dentro de los límites de la casta.

 

Gracias al sistema de castas, los brahmanes, apoyándose en la mitología por ellos mismos elaborada, mantuvieron su dominación sobre la sociedad hindú. Sólo un factor externo a la civilización hindú, la colonización británica, logró romper el sistema de castas, iniciando un lento proceso de descomposición todavía visible hoy.

La Estratificación Social

la estratificacion social Tal como se ha dicho, determinados status, con sus correspondientes roles, llevan aparejados unas formas de vida peculiares, con sus correspondientes niveles de riqueza, poder y autoridad. Otros individuos, por el contrario, detentan unas posiciones sociales, ocupan unos status, carentes en absoluto de estas tres características. Ello revela un hecho universalmente conocido: la diferenciación social existente entre los individuos dentro de una misma sociedad.

 

Las sociedades, en todas las épocas, con excepción quizá de los pueblos primitivos anclados en una economía de mera subsistencia y organizados en pequeños clanes, han observado en su seno esas diferencias sociales más o menos acusadas. ¿Cuál es su origen? ¿Qué causas originan tales diferencias en los modos de vida, en la riqueza, en los niveles de renta? ¿A qué se debe el que unos individuos posean un determinado poder, que tengan autoridad sobre otros de su misma especie?

 

Antes se han citado algunas de las características biológicas de la especie humana y se ha hecho referencia a la tendencia casi general de los seres humanos a la maximización de su bienestar personal, así como a la inclinación a realizar el menor esfuerzo posible para conseguir estos bienes. Cabe recordar que la posesión de estos bienes lleva aparejada la obtención de determinados privilegios, de alcanzar significativos status de prestigio social, de detentar honores y, en muchas ocasiones, de poder controlar el comportamiento de los otros.

 

Ahora bien, los bienes que ofrece la naturaleza son escasos y, sobre todo, difíciles de aprehender; se requiere un extraordinario esfuerzo, individual y colectivo. para transformar la naturaleza y obtener una larga serie de productos o bienes de uso (desde alimentos hasta vestidos, desde habitación hasta elementos de transporte, y también los bienes suntuarios) que hagan más cómoda la vida de los hombres sobre la tierra. Por otra parte, la población ha aumentado hasta alcanzar niveles alarmantes en épocas recientes, agravando si cabe la problemática existente. Es cierto que la división del trabajo, la técnica y el aumento de la productividad han posibilitado avances del hombre en su lucha con la naturaleza (de otra forma serían inconcebibles los actuales niveles de población mundial). Pero el antagonismo básico sigue subsistiendo: relativa escasez de bienes, dificultad en conseguirlos y desigual reparto de los mismos.

 

En general, puede afirmarse que tan pronto como los recursos técnicos aumentaron lo suficiente como para producir por encima del nivel mínimo de subsistencia, el excedente económico tendió a distribuirse desigualmente; de él se apoderaron aquellos individuos especialmente dotados para la caza, la pesca o la guerra, o bien aquellos que desempeñaban funciones relacionadas con lo sobrenatural. Dado que la riqueza es duradera y la propiedad transmisible, la posesión de ambas posibilitó la perpetuación del poder y su transmisión por vía hereditaria. Estos hechos configuraron la base para que en las sociedades que alcanzaron una cierta complejidad de organización, la igualdad rudimentaria primitiva diera paso a un sistema de estratificación social: el sistema propio de las sociedades en las que los status sociales están ordenados jerárquicamente sin que exista movilidad entre ellos.

 

A lo largo de la historia se han desarrollado diversos sistemas de estratificación social sobre la base de una serie de factores. Entre éstos destacan la religión, la estructura económica de producción, los avances tecnológicos, las normas y valores culturales, etcétera. En concreto, han existido múltiples tipos de estratificación, tantos como sociedades humanas, aunque muchos de ellos presentan notables semejanzas.

 

Pese a las múltiples variaciones o modalidades, puede afirmarse que históricamente se han dado tres tipos o modelos de estratificación: el sistema de castas, el de estamentos y el de las clases sociales. Muchos de los sistemas concretos de estratificación no son sino variedades de estos tres y, en general, no se presentan «puros», sino como una combinación de varios de ellos.

Tensión Social

Instituciones de Alivio de la Tensión Social

instituciones de alivio de la tension social

Finalmente, hay que señalar el hecho de que todas las sociedades ponen en marcha una serie de mecanismos sociales, unas válvulas de seguridad, para aliviar las tensiones sociales y mantener las conductas desviadas en un nivel tolerable y asimilable por la sociedad global, evitando así el peligro de una explosión social o de una desintegración social lenta y paulatina.

 

Muchas categorías de normas culturales, como el humor, los juegos, los rituales, el deporte, están destinadas a paliar los desajustes entre la cultura y la organización social. Determinadas manifestaciones de masas, desde el circo romano hasta los modernos deportes- espectáculos (fútbol, béisbol) cumplen fines semejantes y sirven de vías de escape a las tensiones sociales y a los conflictos individuales.

 

Los periodos históricos sujetos a procesos de cambio acelerado y las situaciones en que se producen choques frontales entre dos culturas distintas son más propensos a generar situaciones de desorganización social en las que proliferan las violaciones a las normas establecidas, en gran parte porque en estas situaciones se producen conflictos entre normas, entre valores, entre ideologías, que originan conductas desviadas a nivel individual y dan pábulo a procesos revolucionarios de carácter colectivo.

Sociología del Conflicto

sociologia del conflicto Esta escuela sociológica parte de la tesis de que el conflicto entré los grupos sociales con intereses opuestos ha sido el motor que ha impulsado la rueda de la historia y, por tanto, del proceso social. Para ello, sustenta como elementos clave de su estructura teórica los conceptos de clase social, conflicto y cambio social. Fue precisamente un sociólogo proveniente de la sociología funcional e instalado posteriormente en la corriente del conflicto, Ch. Wright Mills, quien señaló que «sin conflicto social no hay cambio y sin cambio social la historia no existiría».

Anomia Social

Durkheim La sociología considera que las conductas desviadas son el resultado de un conflicto entre las normas sociales imperantes y los roles asignados a los individuos. Para la definición de estas situaciones, el sociólogo emplea el término de anomia, introducido por Durkheim. El término designa una situación en la que existe un conflicto de normas que impide a los actores sociales orientar con precisión su conducta. La existencia en muchas situaciones sociales de diversos valores y normas morales obliga a los individuos a tener que elegir entre ellas; este hecho puede originar conductas desviadas que a nivel colectivo pueden traducirse en situaciones de desorganización social. La familia inmigrante proveniente de una zona rural, obligada por razones económicas a abandonar su cultura y sus tradiciones de origen para asentarse en los suburbios de una gran ciudad industrial, se encontrará frente a un conflicto de este tipo al tener que adaptarse a las normas y valores morales de una sociedad urbana, contradictorios en muchos casos con sus valores de origen.

 

En general, la anomia surge como consecuencia de las discrepancias entre las necesidades de los individuos y los medios que le ofrece la sociedad para resolverlas. Ya se ha dicho que estas situaciones pueden conducir a conductas desviadas, marginaciones, frustraciones o rebeliones. Fenómenos tales como el conflicto generacional, las drogodependencias y evasiones de todo tipo, desde movimientos juveniles (hippy, beatnik, etc.) hasta sectas religiosas esotéricas, representan otras tantas facetas de la misma cuestión.

Desviación social

A pesar de los mecanismos de control existentes, en asidas las sociedades se producen casos de desviación de la conducta respecto a las normas imperantes, o de franca rebelión frente a las mismas, incluso en aquellas que gozan de un alto grado de cohesión social.

 

Las causas son múltiples. La vida social crea una serie de aspiraciones y expectativas que luego la propia estructura social es incapaz de satisfacer; ello da origen a una serie de frustraciones y restricciones individuales o colectivas que generan mecanismos de rechazo, conductas desviadas y marginaciones. En la sociedad norteamericana actual, los valores morales que presiden la vida social están orientados hacia el triunfo, el éxito personal en las diversas facetas de la vida, especialmente en las actividades profesionales y en las relaciones sociales. Es evidente que no todos los individuos alcanzarán estas metas, o sólo lo conseguirán parcialmente; las consecuencias pueden ir desde una aceptación resignada y una adaptación al medio, hasta la aparición de conductas desviadas tendentes a alcanzar aquellos fines por métodos no legales.

 

En general, en las llamadas sociedades de consumo, típicas de los países industriales avanzados, se produce una contradicción similar entre la oferta de productos apetecibles, ostentosamente ofrecidos a los consumidores (publicidad, TV, cine, etc.), y las posibilidades reales de acceder a esos productos, muy escasas para una gran mayoría de la población, no poseyendo todos los individuos la suficiente capacidad de control y racionalidad para adaptarse lúcidamente a estas situaciones.

 

desviacion socialOtro tipo de sociedades, aquellas en que la estructura social y económica no ofrece a la inmensa mayoría de la población unas condiciones de existencia que garanticen una mínima dignidad, están expuestas al conflicto social cuando no a la abierta rebelión, especialmente si las desigualdades sociales son particularmente grandes. Lo mismo puede suceder en aquellas sociedades en que unas minorías (nacionalistas, étnicas, religiosas, sociales, etc.) no tengan reconocidos mínimamente sus derechos y aspiraciones.

 

Otras causas de desviación de la conducta y de no aceptación de las normas sociales, a un nivel más individual, radican en los deficientes procesos de socialización durante la infancia y la adolescencia, con todo lo que ello entraña de inadaptación al medio y de aparición de conductas desviadas, desde la delincuencia juvenil hasta la marginación, o bien de conductas individuales psicópatas.

 

El conflicto social es, para algunos sociólogos, el motor de la historia. Algunos movimientos de protesta juvenil, como el «punk», acaban por ser integrados con pocas dificultades por el sistema.

Conformidad Social

conformidad social Sin embargo, en la mayoría de los casos la regulación de la vida social suele ejercerse gracias al elevado grado de conformidad con que los individuos aceptan las normas existentes. La interiorización de las normas evita, en la mayor parte de las sociedades, el control coactivo permanente y constante, la aplicación continua de la ley en sus facetas represivas, que en general queda relegada a sectores marginales de la colectividad. Cuanto más elevada es la identificación recíproca de los miembros de una sociedad en torno a un modelo de vida en común, mayor es la cohesión social y menores las probabilidades de que las normas y las leyes sean violadas.

 

Por esta razón los poderes públicos (el estado en la era moderna, las monarquías en el antiguo régimen, la Iglesia en la Edad Media) han fomentado la defensa y exaltación de determinados valores culturales y políticos, mitos y leyendas, símbolos y rituales (distintos para cada época histórica y cada cultura), con el fin de lograr el necesario consenso social que posibilite la cohesión de la colectividad.

 

La obtención del consentimiento, que es más profundo que la simple conformidad por ser un factor de gran contenido ideológico, es organizable y manipulable. Sólo en épocas de crisis histórica aguda, de resquebrajamiento de los valores ideológicos en los que se asienta la sociedad, se producen situaciones en las que se desintegra la cohesión social, en las que desaparece la conformidad, dando origen a fenómenos revolucionarios, a enfrentamientos violentos entre diversos sectores o clases sociales.

 

De hecho, la sociología no ha inventado ningún nuevo modelo de análisis. Maquiavelo, en pleno Renacimiento, dio una serie de consejos a los gobernantes (en su obra El Príncipe) acerca de cómo lograr la necesaria cohesión social sin tener que recurrir continuamente a la fuerza, aunque teniendo a ésta permanentemente preparada para situaciones de crisis.

 

Sin la conformidad y la aceptación de las normas y leyes, sería muy difícil mantener a la sociedad lo suficientemente cohesionada para permitir la continuidad de las culturas y modelos sociales durante periodos más o menos largos de tiempo. La persistencia durante más de 2 500 años del modelo de sociedad hindú. basado en el sistema de castas, sólo fue posible por la conformidad de la inmensa mayoría de los individuos con la situación existente. Los motivos por los cuales se produce esta conformidad son muy complejos y en ello influyen factores religiosos, filosóficos (sentido fatalista de la vida), psicológicos (resignación asumida), etcétera.

El Control Social

el control social En un primer nivel, los grupos sociales, incluso los más informales, obligan al cumplimiento de las normas internas del grupo mediante una serie de mecanismos de control que pueden adoptar formas más rígidas o más relajadas según el tipo de grupo de que se trate. Así, un grupo de amigos de carácter duradero puede mostrar indiferencia o desprecio frente a uno
de sus componentes que no siga o se muestre reacio a cumplir las normas internas más o menos difusas que mantienen cohesionado al grupo, hasta conseguir que ese individuo abandone el grupo o cambie de actitud, aceptando las normas e integrándose plenamente en el mismo. Las asociaciones institucionalizadas tienen sus propios estatutos de funcionamiento que penalizan con diversas sanciones a los infractores del reglamento que pueden llegar hasta la expulsión de la asociación.

 

A un nivel mucho más general, un individuo que no cumpla una serie de convenciones mínimas que la sociedad exige para la convivencia social (aseo, vestido, educación; etc.) recibirá el rechazo social y correrá el riesgo de convertirse en un marginado social. Una institución como la Iglesia católica, que ha logrado una de las estructuras más cohesionadas, centralizada y jerarquizada de la historia de la humanidad, ha podido perdurar durante casi dos mil años gracias a una hábil
y tupida red de controles sobre sus propios miembros. Por el hecho de basarse en creencias sobrenaturales o dogmas de fe, estos controles han gozado de una especial eficacia (penitencia, excomunión, amenaza de condenación eterna).

 

Para el cumplimiento de las funciones económicas de la sociedad (mantenimiento del proceso productivo) existe una serie de mecanismos de regulación de la conducta que abarca desde premios (plus de puntualidad, incentivos de productividad, etc.) hasta castigos (desde una simple advertencia del superior hasta la expulsión del puesto de trabajo), además de los controles mucho más difusos existentes en las economías de tipo competitivo y que pueden polarizarse alrededor de la dicotomía éxito-fracaso.

 

La mayor parte de las sanciones aplicadas por los grupos e instituciones a los infractores de normas no tienen carácter coactivo en el sentido de obligado cumplimiento, ya que la persona castigada puede, en último término, optar por abandonar el grupo, la confesión religiosa, la secta, la empresa, etc., antes que aceptar el castigo impuesto. Con excepción de los padres, y a veces de la escuela, que pueden imponer castigos de signo menor a los niños, únicamente el estado
detenta el monopolio para aplicar la fuerza física a fin de mantener el orden y el cumplimiento de la legislación vigente. Este es un hecho reconocido por analistas de cualquier tendencia política. Si detrás de la ley positiva no existe un dispositivo coactivo (judicatura, policías, cárceles, multas, etc.) para obligar a los individuos y a las personas jurídicas a su cumplimiento y, en consecuencia, castigar a los transgresores, no existe verdadera ley.

 

Toda la estructura política, social y económica de cualquier modelo de sociedad se asienta sobre la existencia de dos tipos de controles: el ejercicio por la sociedad global y sus diversos grupos e instituciones (basado en la coacción moral más que en la física) y el realizado por el estado, de carácter eminentemente coactivo. Otra cuestión es la legitimidad de éste para imponer a los ciudadanos la obligatoriedad del cumplimiento de las leyes y castigar a los transgresores de las mismas. De ello se tratará al revisar la historia del pensamiento, desde cuya perspectiva podrán apreciarse las distintas formulaciones que se han sucedido a lo largo de la historia.