Monarquías Europeas





Enrique VIII de Inglaterra En los comienzos de la Edad Moderna aparecen en algunos territorios europeos, las que se han denominado monarquías nacionales. El nuevo estado moderno se caracterizó por la unidad territorial, en oposición de la atomización del Medievo, bajo la autoridad de un robustecido poder central.

 

Monarquías autoritarias

 

El poder real se basó en la posesión de reales atributos de gobierno. Se crearon ejércitos permanentes, generalmente de mercenarios, siempre a punto para acatar las órdenes reales. Asimismo, la administración se volvió más compleja a fin de controlar efectivamente todos los resortes del poder.

 

Este sistema, más oneroso que el feudal, necesitaba un sistema regular de percepción de impuestos.

 

Las primeras monarquías autoritarias surgen en el Occicente europeo.

 

Francia

 

Francia fue el país en el cual se dieron mejores condiciones para la aparición de la monarquía nacional.

 

A principios del siglo XVI, Francia aparece como uno de los estados más desarrollados de Europa. En el reinado de Luis XI (1461-1483) se incorporan a la corona francesa Borgoña, el Franco Condado y el Rosellón, convirtiendo a Francia en una nación unificada territorialmente.

 

Sus sucesores, Carlos VIII (1483-1498), Luis XII (1498-1516), Francisco I (1516-1547) y Enrique II (1547-1559), fueron afianzando los resortes de poder de la monarquía. Ésta tenderá, cada vez con mayor fuerza, hacia el absolutismo —Francia y Castilla—, que justifica su naturaleza por el derecho divino: el rey es responsable de sus actos sólo ante Dios.

 

Francisco I y Enrique II prescindieron incluso de los estados generales y gobernaron de forma personal, asistidos por los secretarios de estado y los consejos, todos ellos gentes de confianza del rey. También la Iglesia se vio sometida al poder del soberano, con lo que la política entra en un proceso de laicización.

 

España

 

A fines del siglo XV, la península Ibérica estaba fragmentada en cinco reinos: Aragón, Castilla, Granada, Navarra y Portugal.

 

El enlace matrimonial, celebrado en 1469, entre Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla sentó las bases para la unidad de la monarquía española.

 

Esta monarquía, de naturaleza dual, pues ambos reinos mantenían su independencia como estados, anexionó para el reino de Castilla los territorios ocupados por el reino nazarí en Granada (1492Vv el reino de Navarra (1512). Por su parte, Fernando consiguió para Aragón la devolución, por parte de Francia, del Rosellón y la Cerdafla, e inició la intervención española por el dominio de Italia.

 

Paralelamente, una meditada política de sucesivos matrimonios trataba de extender y consolidar el poderío hispano.

 

Los Reyes Católicos instauraron la monarquía autoritaria en España y, con ella, el estado moderno. Para ello, la maquinaria del estado se hizo muy compleja y estructurada.

 

A la unidad territorial le siguió la unidad religiosa. Fundamentalmente para este fin se creó, en 1478, el tribunal del Santo Oficio (Inquisición).

 

En 1492 fueron expulsados los judíos, y más tarde, en 1510, los mudéjares (musulmanes) fueron forzados a convertirse al cristianismo.

 

La conquista del Nuevo Mundo proporcionaría a España la hegemonía sobre Europa durante casi dos siglos. Los primeros sucesores de los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II, heredaron un vasto imperio.

 

Inglaterra

 

Enrique VII (1485-1509), primer soberano de la dinastía Tudor, consolidó la posición hegemónica de la monarquía inglesa, tras ser aniquilada, en la Guerra de las Dos Rosas la nobleza feudal.

 

Desde entonces el rey gobernó mediante su consejo privado y le fue fácil imponerse al parlamento tras el periodo de guerra y el renacer de la economía de la lana.

 

Como en Francia y España, la monarquía autoritaria inglesa defendió la paz pública con una cuidadosa organización de la justicia. En 1489 se creó la Cámara Estrellada, especie de alto tribunal de justicia que más tarde se convirtió en alto tribunal político de la nación.

 

A Enrique VII le sucedieron Enrique VIII (15091547), que se separó de la Iglesia de Roma en 1531 y creó la Iglesia anglicana, y Eduardo VI (1547-1553), que no llegó a la mayoría de edad. Durante el reinado de este último se introdujo el protestantismo en Inglaterra.

 

El absolutismo británico alcanzó su apogeo durante el reinado de Isabel I (1558-1603), hija de Enrique VIII y Ana Bolena, que sucedió a la católica María (1553-1558) en el trono de la nación. Los ingleses, absorbidos por las cuestiones religiosas, se desinteresaron de la política, pero acrecentaron el sentimiento de unidad nacional en contra del papado.



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