Luis XIV de Francia





La Época de Luis XIV

luis XIV

Hegemonía francesa en Europa

 

La segunda mitad del siglo XVII fue una época de esplendor para Francia. La victoria francesa en la Guerra de los Treinta Años y la personalidad extraordinaria de Luis XIV (1643-1715), llamado también el «Rey Sol», colocaron a Francia en un lugar hegemónico, en el contexto de la política europea, Luis XIV estableció definitivamente en su país la monarquía absoluta «de derecho divino», fórmula política que desligaba al monarca de toda limitación impuesta por las leyes o tradiciones. Para ello contó con la colaboración de excelentes ministros, como Colbert (16191683), de hacienda, y Louvois (1641-1691), del ejército.

 

Los estados generales, que representaban la voz del pueblo, dejaron de ser convocados. También los municipios y los gremios se vieron sometidos a la autoridad real. La centralización y el uniformismo llegaron a dominar todos los aspectos de la vida francesa.

 

En 1682, Luis XIV se estableció en Versalles, cerca de París, con su fastuosa corte (disponía de unos 7 000 servidores). Desde allí, la cultura francesa irradiaría por toda Europa. El francés se convirtió en la lengua de la alta sociedad europea. De la misma manera, la moda y las costumbres versallescas fueron imitadas más allá de los límites del estado francés.

 

El Colbertismo

 

Juan Bautista Colbert, situado en el ministerio de hacienda, sentó las bases del mercantilismo francés (colbertismo). Para limitar las importaciones, fomentó la agricultura y el comercio colonial a la vez que implantaba un régimen aduanero. Para exportar más, centró sus esfuerzos en desarrollar la industria y el comercio de su país. Con este fin se crearon las «manufacturas reales» (fábricas de protección real), que se dedicaban a la producción de objetos de lujo, como tapices, muebles y paños finos, las grandes compañías comerciales estatales (Compañía Francesa de las Indias Orientales y Compañía Francesa de las Indias Occidentales).

 

En el terreno hacendístico, Colbert se preocupó de sanear la moneda mediante el aumento de los impuestos indirectos y la creación de monopolios de estado.

 

Política exterior francesa

 

La política exterior de Luis XIV fue ambiciosa y encaminada esencialmente a reforzar la hegemonía francesa. Para ello, intentó ampliar territorialmente el estado francés hacia el nordeste y hacia el este. Por otra parte, su matrimonio con la infanta Teresa, hija de Felipe IV de España, le hizo concebir esperanzas respecto de la corona española.

 

La política expansionista de Luis XIV iba a fomentar en Europa un ambiente de creciente hostilidad contra Francia, que se materializó en diversos conflictos bélicos.

 

La guerra para la devolución

 

Luis XIV pretendió alcanzar para Francia sus «fronteras naturales» en el Rin. Contaba para ello con el apoyo de los países limítrofes al imperio que esperaban salir beneficiados de una posible victoria francesa: Suecia, Polonia, Hungría y Turquía.

 

Por la Paz de Westfalia (1648), Francia obtuvo derechos sobre Alsacia. Pero Alsacia quedaba aislada de Francia por el ducado de Lorena y el Pranco Condado, ambas posesiones españolas.

 

A la muerte de Felipe IV de España, Luis XIV reclamó dichos territorios para su esposa, la infanta María Teresa, y también Flandes. La negativa de España llevó a Luis XIV a declararle la guerra y a invadir los territorios flamencos, en 1667, y apoderarse del Franco-Condado, en 1668. La rápida victoria francesa alarmó a Holanda e Inglaterra, que firmaron con España, en 1668, la Triple Alianza.

 

Luis XIV retrocedió entonces y hubo de contentarse con los territorios de Flandes (Paz de Aquisgrán, 1668).

 

La guerra contra Holanda

 

En 1672, las tropas francesas invadieron Holanda por el valle del Rin. Los holandeses resistieron el asalto abriendo los diques del mar del Norte, con lo que se inundaron los pólders.

 

En 1673, el emperador Leopoldo I, algunos príncipes alemanes y España se confederaron para ayudar a Holanda (Gran Alianza de La Haya). La guerra fue larga, hasta 1678, cuando se firmó la Paz de Nimega. Francia logró apoderarse del Franco-Condado, pero Holanda quedó a salvo.

 

La guerra contra la Liga de Augsburgo

 

Basándose en una particular interpretación del Tratado de Westfalia, Francia se había ido incorporando numerosas ciudades junto al Rin.

 

Los estados europeos habían reaccionado uniéndose en la Liga de Augsburgo (1686), que agrupaba en un primer momento a España, el imperio, Saboya y Suecia. En 1688 se adhirieron Inglaterra y Holanda. La guerra estalló tras la invasión francesa del sur de Alemania, pero, ante la expectación que generaba en Europa la enfermedad del monarca español, Carlos II, que no tenía heredero, se llegó a la Paz de Ryswick (1697).

 

Francia, que aspiraba al trono español, se mostró magnánima y devolvió a España las plazas de Flandes y Luxemburgo y los territorios conquistados tras la Paz de Nimega.

 

El fin de la casa de Austria en España

 

El último monarca de la dinastía española de los Austrias, Carlos II (1665-1700), fue un hombre débil y enfermizo, tanto moral como físicamente. Junto a él actuaron validos de escaso valor personal (Nithard, Valenzuela, Juan José de Austria).

 

Perdida Portugal, que se había separado definitivamente de la corona española en 1668, España se desgastaba en las constantes guerras contra el Imperialismo francés. A esta crítica situación económica, vino a unirse la evidencia de que Carlos II no podía tener descendencia.

 

A pesar del declive hispánico, la herencia de Carlos II no dejaba de ser envidiable. Franceses y austriacos crearon partidas antagónicas en la corte de Madrid en defensa de sus respectivos candidatos: Felipe de Borbón (nieto de Luis XIV y María Teresa de España) y Carlos de Austria (hijo de Leopoldo I y Margarita de España). Ambas alternativas dinásticas crearían un fuerte desequilibrio en Europa. Una vía de compromiso en torno a la candidatura de José Fermando de Baviera (nieto de la infanta Margarita) se frustró por la prematura muerte de éste.

 

En sus últimos días, Carlos II. deseoso de mantener la unidad de la monarquía española, nombró como su sucesor a Felipe de Anjou (Felipe de Borbón).

 

La Guerra de Sucesión a la corona de España

 

Al morir en 1700, Carlos II, se planteó abiertamente el problema de la sucesión al trono de España. Los países europeos, temiendo un nuevo incremento del poderío francés no aceptaban al nuevo monarca.

 

En 1701 se constituyó la Gran Alianza de La Haya, la cual, en defensa del candidato austriaco, agrupaba Inglaterra, Holanda, Austria, Prusia, Portugal y Saboya, y, dentro de España los territorios de la corona de Aragón.

 

En 1702 estalló la guerra y ésta sería favorable a la causa austríaca durante ocho años. Las tropas borbónicas perdieron sucesivas batallas. En 1711, la situación cambió de signo, ahora a favor del candidato francés, en el interior de la península: batallas de Brihuega y Viiiaviciosa. A ello se unió un acontecimiento inesperado: la muerte, en 1711, del emperador José I, lo que convertía a su hermano Carlos en emperador de Austria. Para Europa, apoyar al pretendiente austriaco era peligroso, pues significaba reconocer la hegemonía imperial.

 

Los Tratados de Utrecht-Rastadt

 

Al no haber manifiestamente vencedores ni vencidos, las potencias europeas en guerra decidieron firmar una paz de compromiso en 1713 (Paz de Utrecht).

 

En virtud de sus cláusulas, se reconocía a Felipe V como nuevo rey de España y de las Indias españolas, pero a cambio de renunciar a sus derechos al trono francés. También se le obligaba a ceder a Austria las posesiones españolas en Italia (excepto Sicilia, que pasó a Saboya) y el sur de los Países Bajos. A Inglaterra se la debió compensar con Gibraltar y Menorca, además de ciertas ventajas económicas respecto del comercio colonial («navio de permiso»: derecho a enviar anualmente un navío comercial a las colonias españolas, y «tratado de asiento»: monopolio del comercio de esclavos negros con la América española).

 

Por su parte, Francia hubo de ceder a Inglaterra la isla de San Cristóbal en las Antillas y los territorios de la bahía de Hudson, Acadia y Terranova en América del Norte.

 

Inglaterra se convirtió así en la mayor potencia marítima del mundo; nacía, pues, el primer Imperio Británico.

 

El nuevo emperador Carlos VI reconoció las cláusulas de Utrecht mediante la Paz de Rastadt, firmada en 1714.



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