La Pintura Barroca





la pintura barroca

Italia

 

El paso de la pintura manierista a la barroca en Italia se realiza de la mano de Michelangelo Merisi, más conocido por Caravaggio (1573-1610). El arte de Caravaggio representó una auténtica revolución pictórica por sus interés central en los problemas de la luz. Obras suyas son la Virgen de los Peregrinos, La flagelación de Cristo y La degollación del Bautista.

 

La misma reacción de Caravaggio contra el manierismo se puede observar en la labor «ecléctica» de la familia de los Carracci: el mayor, Ludovico (15551619) y sus dos primos Agostino (1557-1602) y Annibale (1560-1609). Entre los continuadores del eclecticismo de los Carracci podemos citar a Guido Reni (1572-1642), que combinó la tradición boloñesa de sus maestros con la caravaggiesca; a Francesco Barbieri, llamado Guercino (1591-1666), que matizó el eclecticismo de Reni con el colorido veneciano, y a Francesco Albani (1578-1660), pintor de composiciones religiosas y mitológicas.

 

Durante el siglo XVIII, Venecia vuelve a situarse en primer plano como centro artístico: el primer pintor de esta nueva etapa de la pintura veneciana fue Giovanni
Battista Piazzeta (1682-1754), que se caracterizó por su gusto por los temas populares y por los contrastes de la luz claroscura y colores luminosos. Del taller de Piazzeta salió el genial Giambattista Tiépolo (1696-1770), el más importante decorador de su siglo, que supo combinar el lujo cromático con el interés narrativo. Decoró numerosos edificios (palacios Labias, de Wurtzburgo y Real de Madrid).

 

Junto a esta gran pintura decorativa florece un género más íntimo, la pintura de vistas (plazas, edificios,escenarios urbanos), en el que destacan Antonio Canaletto y Francesco Guardi.

 

Pintura flamenca: Rubens

 

Cuando parecía que la influencia italiana iba a dominar totalmente la tradición autóctona de la pintura flamenca, se produce una revitalización de ésta de la mano de una figura de primera fila, Peter Paul Rubens (1577-1640), que no sólo es el mayor representante de La escuela de Flandes, sino también uno de los grandes genios de la pintura universal, inspirador de muchas generaciones de pintores hasta el impresionismo.

 

Todo el sentido de vital exuberancia del Barroco encontró una expresión magnífica en su inmensa producción pictórica.

 

Fue un excelente pintor de temas religiosos (como Adoración de los Reyes) y destacó igualmente como uno de los mejores pintores de fábulas mitológicas (Las Tres Gradas). También pintó retratos (como el de Ana de Austria) y escenas de género (Danza de Aldeanos).

 

Antón VanDyck (1599-1641)

 

Realizó muchas obras de temática religiosa que acusan la influencia de Rubens, pero su fama se debe sobre todo a su labor de retratista (Carlos I a caballo).

 

Jacob Jordaens (1593-1678)

 

Buscó la monumentalidad de sus figuras y se interesó por las movidas composiciones a lo Rubens. Sus mejores creaciones son las de tema popular y costumbrista (El sátiro y los campesinos).

 

La pintura holandesa

 

Durante el siglo XVII al producirse la independencia de las Provincias Unidas de Holanda y al adoptar éstas la religión protestante, se produce una cierta ruptura en el terreno artístico. Los pintores holandeses no dedican tanta atención a los cuadros de asunto religioso como los flamencos, prefiriendo las escenas costumbristas, el paisaje y el retrato.

 

FransHals (1581-1666)

 

Desarrolló una técnica hecha de pinceladas ágiles y seguras, de trazo rápido. Aunque trató muchos temas, destaca sobre todo como retratista (Banquete de los Arcabuceros de San Jorge).

 

Johannes Vermeer de Delft (1632-1675)

 

Cultivó escenas de género, retratos y vistas de su ciudad natal. Quizá la nota más característica de su estilo sea la serenidad lograda tanto por la naturalidad de las escenas representadas como por la suave luz que se difumina por sus cuadros (Vista de Delft La niña con turbante).

 

Rembrandt Harmenszoon Van Rijn, llamado Rembrandt (1606-1669)

 

Pintor, dibujante y grabador, es considerado como el mejor pintor de los Países Bajos. En 1632 se instaló en Amsterdam y se casó con Saskia, pintando por aquel entonces algunas de sus mejores obras (La lección de anatomía). Coincidiendo con la muerte de su esposa, pintó La ronda nocturna. Poco después se amancebó con su sirvienta Hendrickje, lo que le valió el rechazo de su puritana sociedad. Entre las obras de esta época podemos destacar El hombre del Casco Dorado y su Toro despellejado. Entre sus desnudos, los más célebres son el Betsabé (Louvre) y la Mujer bañándose en un río. Sus últimas obras ponen de manifiesto las altas cimas de creatividad que alcanzó en su madurez (La novia judía y El hijo pródigo).

 

La pintura en España durante el Barroco

 

La pintura española del Barroco es fuertemente realista, si bien el sentido contrarreformista de la religiosidad hispana matiza este realismo. José de Ribera, el Españoleto (1592-1652) Concede un tratamiento absolutamente realista a los temas mitológicos y religiosos. Entre sus principales obras, destacan Silencio ebrio, San Sebastián y Martirio de San Bartolomé.

 

Francisco de Zurbarán (1598-1664)

 

Realizó una serie de pinturas que siguen un mismo ciclo temático, entre las que destaca La visión de San Pedro Nolasco. En su madurez, la mayoría de sus lienzos representan frailes cartujos en oración.

 

Diego Velázquez (1599-1660)

 

Es el máximo representante de la pintura española de este periodo y uno de los mejores pintores de todos los tiempos. Se inició en el típico tenebrismo barroco, hecho de fuertes contrastes de luz y sombra. Más tarde, al convertirse en pintor de cámara de la corte de Felipe IV, su estilo evolucionaría hacia colores más claros. Las obras maestras de Velázquez son La fragua de Vulcano, Las lanzas. La Venus del espejo, Las meninas y Las hilanderas. En los retratos demostró Velázquez su genio para captar la psicología de los personajes (Conde Duque de Olivares, Inocencio X). La principal innovación estética de Velázquez es el descubrimiento de la perspectiva aérea, es decir, la consecución de la profundidad intrapictórica con el mero recurso de la tonalidad cromática.

 

Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682)

 

Trató diversos géneros, siendo el religioso el que cultivó con preferencia (La Virgen del Rosario, La Sagrada Cena). También logró una gran originalidad en el tratamiento realista de picaros y mozalbetes (Vieja aseando a un niño, Pícaro comiendo melón).

 

Alonso Cano (1601-1667)

 

Tuvo una evolución del tenebrismo a una pintura más luminosa (Bajada al limbo). A su obra pertenece uno de los desnudos más bellos de la pintura española.

 

Claudio Coello (1642-1693)

 

De origen portugués, posee la típica complejidad del Barroco, pero matizada por el realismo. Dominó la técnica del fresco y fue un excelente retratista. Su obra maestra es Carlos I adorando a la Sagrada Forma.

 

Pintura francesa barroca

 

Durante el siglo XVII, en la pintura francesa se hace particularmente evidente el enfrentamiento entre las tendencias clásicas y barrocas.

 

Nicolás Poussin (1593-1665)

 

Fue el creador del llamado paisaje histórico, en el que interpreta muchos de los aspectos del pasado clásico romano, y un excelente pintor de fábulas, en las que encontró una excusa para realizar magníficos desnudos (La muerte de Cermanicus). Al final de su vida realizó una obra de una serenidad increíble: Los pastores de la Arcadia, Las cuatro estaciones.

 

Claude Lorrain (1600-1682)

 

Pintó paisajes que no pretenden ser descripciones objetivas de la naturaleza, sino que son escenarios ideales, bañados por una luz transfiguradora. Entre sus obras más notables destaca El embarque de la reina de Saba.

 

Al mismo tiempo se desarrollaba en Francia una pintura más realista, cuyos más caracterizados representantes son Georges de la Tour (1593-1652) y los hermanos Le Nain: Antoine y Louis.

 

Antoine Watteau

 

El primer gran pintor del siglo XVIII es Antoine Watteau (1648-1721) en cuyos cuadros de brillante colorido, se describe el espíritu de la corte francesa y de los ambientes frívolos de su época. Entre sus mejores obras podemos citar El embarque para la isla de Citerea, Reunión en el parque y Concierto campestre.

 

También Frangois Boucher (1703-1770) se dedicó a pintar la frivolidad de la sociedad cortesana. Su amor al desnudo le convirtió en el mejor pintor erótico de su época (El baño de Diana, El nacimiento de Venus). Jean-Flonoré Fragonard (1732-1806) pintó la sociedad galante, aunque su tono es algo más nostálgico y menos frívolo (El columpio, La familia feliz). También pintó algunos de los mejores retratos del siglo XVIII , como el de Diderot y el de la actriz Colombe.

 

Jean-Baptiste Chardin (1699-1779) tuvo siempre predilección por los temas humildes y las naturalezas muertas. Su técnica representó una novedad respecto a los pintores de su siglo, más preocupados por la descripción que por la materia pictórica misma.

 

Finalmente podemos citar a los dos grandes retratistas del siglo: Jean-Marc Nattier (1685-1766), que destacó en el retrato femenino de ambiente mitológico, y Quentin la Tour (1704-1789), que abandonó la ambientación mitológica y se centró en la profundización psicológica de sus retratados, entre los que se cuentan figuras cortesanas como la célebre Madame de Pompadotir.

 

Pintura inglesa

 

La primera gran figura es William Hogarth (16971764), creador de un tipo de pinturas hasta entonces desconocida, centrada en la crítica social y política. Después de realizar sus célebres series narrativosatíricas (Matrimonio a la moda), una de sus obras más innovadoras es La vendedora de cangrejos, en la que se da un anticipo de la técnica impresionista.

 

Joshua Reynolds (1723-1792) se reveló como un excelente retratista. Sus retratos pueden clasificarse en históricos (Lady Caroline Keppel), retratos de mujeres y niños (La edad de la inocencia), retratos de grupo (La familia Penn) y retratos de escritores célebres (Laurence Sterne, Horace Walpole).

 

Thomas Gainsborough (1727-1788) se caracteriza por un tono lírico, poético, perfeccionista, que le convierte en precursor del Romanticismo. En sus retratos trata siempre de conseguir la fusión de la figura con el paisaje que la enmarca (Paseo matinal).

 

El tercer gran retratista británico fue George Romney (1734-1802). Sus retratos se caracterizan por la perfección del dibujo, la sencillez en la composición y la brillantez del colorido (retratos de Lady Hamilton).



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