Joseph Proudhon





PIERRE-JOSEPH PROUDHON (1809-1865):LA DEMOCRACIA COMUNAL

PIERRE-JOSEPH

Este pensador y revolucionario publicó una famosa obra: ¿Qué es la propiedad? En la primera línea del texto puede leerse «la propiedad es un robo».

 

Proudhon junto con el revolucionario ruso Mikhail Bakunin (1814-1876) son los padres del anarquismo. Mientras el primero llevó una vida reposada y se decantó hacia el estudio y la vertebración teórica del movimiento anarquista, Bakunin fue el prototipo del revolucionario decimonónico que pasó su vida organizando revueltas y conspiraciones, luchando por ver realizados unos ideales que comportaban la destrucción del estado y la sociedad capitalistas, así como la construcción de una nueva sociedad basada en la solidaridad, la autogestión y la eliminación de todo tipo de poder. Fue uno de los fundadores y animadores, junto con Karl Marx (con quien se enfrentó), de la Asociación Internacional de Trabajadores (I Internacional).

 

El anarquismo representa una crítica radical contra el orden existente. A nivel económico contra el capitalismo, al que considera la expresión suprema de la explotación del hombre por el hombre. A nivel político, el estado representa el instrumento de que se vale la clase dominante para ejercer su dominio sobre las clases populares (obreros, campesinos, artesanos). Incluso el estado liberal, tras su pantalla democrática, no es sino un aparato coercitivo (policía, jueces, cárceles, ejército, leyes), controlado por las clases dominantes, a través del cual éstas ejercen su represión sobre las clases dominadas.

 

Para el anarquismo, todo poder (económico, político, ideológico) contempla una enajenación del hombre, o sea, significa el dominio de unos individuos sobre otros. La separación entre gobernantes y gobernados coloca inevitablemente a los primeros en una situación de prepotencia con respecto a los segundos, incluso contra la voluntad de los protagonistas. Como dijo Rousseau, la soberanía no se delega, se ejerce. En este sentido la teoría y la práctica del anarquismo es radical, sin fisuras.

 

Las consecuencias que de ello pueden extraerse son también radicales. El estado debe ser destruido, aniquilado de raíz. Junto con el estado, todo tipo de poder y, en especial, el poder económico de la burguesía. La propiedad privada ha de ser abolida. Serán las clases populares, la clase obrera especialmente, las que dirigirán este proceso, porque son ellas las que sufren en su carne la opresión del estado y del capitalismo.

 

Ahora bien, en perfecta coherencia con sus postulados teóricos, el anarquismo sostiene que la clase obrera, para llevar a término este proceso revolucionario de conquista y destrucción del estado (frente a la violencia reaccionaria del estado sólo es posible la violencia revolucionaria), deberá actuar como movimiento, contando únicamente con la fuerza y la moral surgida de sus entrañas. Es decir, la clase obrera no deberá organizarse en partidos políticos, porque éstos, inevitablemente, generan unos dirigentes que enajenan la voluntad de las bases y ejercen un dominio sobre las mismas.

 

El anarquismo cree que el motor de la revolución surgirá del espontaneísmo de las masas y de su propia capacidad autoorganizativa, a medida que éstas vayan adquiriendo conciencia revolucionaria.

 

Luego, el modelo social se basará en el mutualismo y el federalismo, que engloban una teoría de las relaciones humanas y una ferviente fe en la capacidad del hombre y en su bondad natural. A nivel económico, las unidades de producción (empresas, fábricas) deberán ser regidas por los propios trabajadores mediante la autogestión. A nivel político, las pequeñas comunidades (municipios) se autoorganizarán mediante el ejercicio de la democracia directa y se federarán sucesivamente con otras comunidades (excluyendo siempre cualquier tipo de poder político que esté por encima de las mismas).

 

Para el anarquismo, los estados nacionales son creaciones de la burguesía (y anteriormente de las monarquías absolutas) para facilitar su dominio. Las fronteras deben ser abolidas; frente al nacionalismo, el anarquismo proclama: «la humanidad es nuestra única patria».

 

Aunque pueda parecer contradictorio, detrás de la violencia anarquista hay toda una moral y una ética sin las cuales no sería posible la construcción de esta sociedad utópica, sin poder y sin estado. Es la moral de la solidaridad, de la cooperación, de la fraternidad humana. El movimiento anarquista desplegó durante más de un siglo un incesante esfuerzo de educación, de inculcación de estos principios en las masas incultas y empobrecidas, en pro de una nueva moral que presidiese las relaciones entre los hombres. Para ello no había que esperar el día triunfante de la revolución, sino que esta labor tenía que ejercerse día a día para forjar, desde las mismas entrañas de la sociedad burguesa, la nueva sociedad.



Comentarios:

Loading Facebook Comments ...
Loading Disqus Comments ...
Deja tu comentario
Tu Comentario