España en el Siglo XVII





España y Francia en el siglo XVII

La Francia de Enrique IV y de Luis XIII

Enrique IV

Con Enrique IV (rey de 1589 a 1610) empieza la dinastía borbónica en Francia. El objetivo principal de este monarca fue el de establecer un poder monárquico fuerte. Su política exterior, pacifista en términos generales, estuvo orientada a impedir el predominio de los Habsburgos en Austria y España. Tras la regencia de María de Médicis (1573-1642), esposa del rey Enrique, subió al trono su hijo Luis XIII (1614-1643).

 

Luis XIII gobernó apoyándose en el cardenal Richelieu (1585-1642), que fue nombrado presidente del consejo real en 1624. Richelieu convirtió a Francia en un país fuerte y unificado. En el interior, su política, de índole autoritaria, se dirigió contra los hugonotes y la nobleza. Los éxitos obtenidos en la colonización del Canadá, creado en 1608 como colonia de Francia por Samuel Champlain, favorecieron la prosperidad económica francesa.

 

En el plano internacional, la política de Luis XIII siguió estando orientada contra la dinastía austríaca. La España de Felipe III y de Felipe IV El rey Felipe III (1598-1621), falto de dotes personales, dejó el gobierno en manos del duque de Lerma (1552-1623), con lo cual iniciaba el gobierno de validos (aristócratas que ejeróían el poder en nombre del rey). La política pacifista de Lerma llevó a España a la paz con Inglaterra en 1604 y con Holanda en 1609 (Tregua de los Doce Años).

 

En el interior, la expulsión de los moriscos en 1609, aunque completó la unidad religiosa, repercutió negativamente en la ya maltrecha economía española. Con Felipe IV (1621-1665), el gobierno cayó en manos del valido Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares (1587-1645). Éste, menos diplomático y más ambicioso que su predecesor, se enfrentó con Holanda (1621) y con Inglaterra (1624) y llevó a España a participar en la Guerra de los Treinta Años.

 

La decadencia económica de España era ya entonces total y el país carecía de los recursos necesarios para sostener una política exterior de envergadura. La política autoritaria y centralizadora de Olivares, especialmente en el plano económico, provocó las Revoluciones secesionistas de Portugal y de Cataluña en 1640, y la propia caída del ministro en 1643.



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