Escasez de Recursos III
Razones para el Pesimismo
Hay varias razones para creer que los pesimistas no siempre estarán equivocados. La primera es que los minerales se hallan muy desigualmente repartidos en la corteza terrestre. Si el resto de las características son iguales, la explotación de un yacimiento rico es más provechosa que la de uno pobre, y esto hace que los mejores ya hayan sido explotados. Ya va siendo necesario explotar yacimientos cada vez menos extensos o de más difícil acceso, lo que aumenta los costos y reduce los ingresos. Antes, los geólogos se consolaban argumentando que, cuanto menor es la calidad de una mena, mayor es su cantidad; y decían que hay de 10 a 100 veces más menas de bajo grado que de alto grado. Para algunos metales, como el cobre, esto es cierto; pero, para otros, parece que hay o bien una mena productiva o bien una roca improductiva, sin posibilidades intermedias. Para muchos metales, las vastas toneladas de mena de bajo grado en las que se confiaba para cuando se agotasen las más ricas… simplemente no existen. Cuando se hayan agotado las menas minerales actuales, apenas quedará nada.
La segunda razón para el pesimismo es que la extracción minera consume cantidades cada vez mayores de energía, para obtener las mismas cantidades de metales de inferior calidad. Como ya empieza a escasear la energía, no es probable que se mantenga siempre este proceso. El mismo principio se aplica a la extracción de metales y otros minerales del agua del mar. Es cierto que los océanos contienen vastos recursos minerales, pero la mayoría de ellos están tan poco concentrados que el costo de extracción sería prohibitivo. La energía necesaria para extraer, por ejemplo, uranio del mar, aun utilizando la tecnología más actual, superaría la que el uranio produjese en un reactor nuclear.
