El Fondo del Mar





Reconocimiento y Exploración

El fondo del océano siempre, ha fascinado al hombre. La Atlántida, el legendario conti­nente perdido de Platón “más allá de las Co­lumnas de Hércules“, nunca ha dejado de cautivar la imaginación, aunque no existe prueba geológica alguna en la que «apoyar la creencia de que se encuentra al sur de las Azores, en la dorsal mesoatlántica.

Las primeras informaciones sobre el fondo del mar se limitaban a sondeos, tomados me­diante una cuerda lastrada con un peso, de la profundidad de las zonas situadas alrededor de islas conocidas. Magallanes intentó —y, por supuesto, no lo consiguió— tocar el fondo del Pacífico con una cuerda de 370 m. El pri­mer sondeo oceánico verdadero lo realizó Ja­mes Clark Ross en 1840, cuando midió una profundidad de casi 3.700 m con un sedal.

La expedición del Challenger, que realizó el primer reconocimiento auténtico de las zo­nas profundas del océano, se llevó a cabo entre 1872 y 1876. En ella se utilizaron son­das provistas de recipientes tubulares para obtener muestras del material del fondó. Así, en la época en que Julio Verne (1828-1905) escribió Veinte mil leguas de viaje submarino (1870), el hombre estaba llevando a cabo por primera vez una exploración sistemática de los sedimentos profundos. Su clasificación, hecha por el geólogo de la expedición John Murray (1841-1914) y por otros que estudia­ron las muestras al regreso del buque, ha sido luego perfeccionada, pero nunca rechazada.

Gradualmente se fue descartando la idea de que los fondos oceánicos estaban forma­dos por acumulaciones de restos arenosos de miles de millas de extensión, salpicados con unas pocas islas y poblados por peces exóti­cos. Pero las primeras muestras recogidas por el Challenger y los sondeos obtenidos en el Atlántico central, en lo que hoy se denomi­na dorsal mesoatlántica no permitieron que se llegara a comprender la variación de extensión y espesor de los sedimentos. No aporta­ron ninguna razón científica para explicar esta variación ni se intuyó que las dorsales mesoceánicas se encuentran a lo largo de to­dos los grandes océanos del mundo.

En este siglo, gracias al continuo perfeccionamiento de los instrumentos para recoger muestras, el conocimiento de los sedimentos oceánicos es mucho mayor.

fondo del mar

Con el uso de señales acústicas y ultrasó­nicas (ecosondeo) se ha podido conocer la topografía auténtica del fondo marino. Los científicos calculan la profundidad del agua por el tiempo transcurrido entre el envío de la señal y la negada del eco. Desde los años 40 se emplean también métodos sísmicos; me­diante ellos se ha sabido que en el fondo oceánico hay colinas, montañas volcánicas, complejos de islas y vastas cordilleras sub­marinas, con valles centrales, fallas y ali­neaciones montañosas en los flancos.



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