Degradación Química





degradación química de la tierra La degradación química de la tierra puede producirse directa o indirectamente. Las sustancias aplicadas directamente al suelo en procesos agrícolas para mejorar resultados pueden provocar efectos secundarios letales. Los fertilizantes y plaguicidas pulverizados sobre las cosechas [1] pasan al suelo y son esparcidos por el agua subterránea. Esto puede alterar el equilibrio bioquímico del suelo y matar lombrices de tierra y otros organis­mos que desempeñan un papel clave en la conser­vación de su porosidad y aireación. A menudo se usa cieno de albañales como rico fertilizante orgánico [2], pero no es posible eliminar de él metales tales como el cobre y el cinc, proce­dentes de emisarios industriales, que se acumulan y alteran la química del suelo. Más indirectamente, el suelo puede contaminarse por procesos industriales en los que gases como el dióxido de azufre son liberados a la atmósfera procedentes de chimeneas [3]. El agua de lluvia los arrastra de nuevo en forma de ácidos, que alteran la acidez del suelo, en detrimento de las plantas y animales que se alimentan de él. Los hidrocarburos sin quemar, el plomo y otras sustancias nocivas procedentes del motor de los vehículos [4] se pueden concentrar en los campos próximos a las carreteras. El uso excesivo de maquinaria agrícola pesada puede apisonar una estructura de suelo que tenía un buen drenaje [5] y convertirla en una masa no porosa encharcada [6].



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