Cultivo De La Vid II





Métodos de Propagación

Como casi todas las plantas, las vides son susceptibles de reproducirse a partir de semi­llas, pero este sistema de propagación no es práctico: las plantas que nacen pueden diferir mucho, tanto de sus progenitores como entre ellas. Las semillas (pepitas) se utilizan para conseguir nuevas variedades por cruzamiento de las existentes. Pero las nuevas vides se ob­tienen plantando esquejes directamente en el suelo o injertándolos sobre otro esqueje ya enraizado de otra especie. Los esquejes tier­nos se disponen en planteles de arena durante un año, hasta que echan raíces. Luego se plantan en los viñedos tradicionales en hileras de 1 m de intervalo y, cada vez más a menu­do, con 2 y 3 m de separación. Es un hecho que la producción total de vino del viñedo permanece constante con la mitad de las vi­des pero más espaciadas.

A medida que la vid envejece, sus raíces penetran más hondo en el suelo. Mientras son jóvenes y permanecen cerca de la superficie son sensibles a la sequía, al exceso de agua y al abonado con estiércol, que, empleado en abundancia, puede afectar al sabor del vino; en estas condiciones la vid tiene poca estabili­dad. Pero si el suelo próximo a la superficie no proporciona suficientes nutrientes, la vid hunde más sus raíces y descubre valiosas reservas en las capas más profundas.

Por desgracia, la vid está sujeta a muchas enfermedades. Hay variedades tan suscepti­bles a determinadas enfermedades, como el mildiu, que dejan de cultivarse. Las mejores vides combinan la resistencia a las enfermedades con la calidad del fruto, si bien pocas veces son las más productivas.

La filoxera de la vid (Phylloxera) es una plaga de insectos desastrosa. Estos pe­queños áfidos viven en las raíces de la vid y la matan. En la década de 1870 causaron estra­gos en los viñedos de Europa. La plaga llegó de América, y también la forma de eliminar­la. Al sustituirse las vides existentes por injer­tos de variedades europeas sobre patrones americanos, se venció a la Phylloxera: las ce­pas silvestres americanas eran inmunes a esta plaga.

origen del vino

El vino tiene su origen en el agua del suelo. La vid busca el agua y los nutrientes en un suelo pobre, y explota un volumen de tierra ancho y profundo, tal como se ve en esta sección transversal de un viñedo de Médoc (Francia). La grava y la arena hacen el suelo muy permeable, lo que permite al agua de lluvia penetrar hondo y estimular a la vid a profundizar sus raíces. En la figura aparecen una vid cabernet de 50 anos [1 ], cargada de racimos y apoyada en espaldera de alambres, y una vid de 20 años [2] en invierno, podada y aporcada para prote­gerla del frío. Las piedras del suelo [3] aparecen manchadas de sulfato de cobre [4], pulverizado sobre las hojas de la vid para evitar las infecciones fúngicas. A menudo se extiende el trébol [5] como abono verde y se esparcen los restos del hollejo prensado [6]. Los 30 cm primeros [7] son arenosos y con grava, con pocas raíces. Hace años se esparció a mano por el viñedo una capa de marga [8]; por ella se extiende un conjunto de raíces y raicillas. La capa siguiente es arena compacta [9] no fértil; las raíces principales la atraviesan para llegar a otra gruesa capa [10] de grava y arena, pero rica en materia orgánica. Las raíces se desarrollan ahí, pero quedan conte­nidas por una capa subyacente de arena compacta a 1,2 m [11 ]. Debajo hay otras capas de arenas de distinto color [12,13,14]. Las zonas grises [13] son bolsas de arena húmeda, donde las raicillas se extienden para aprovechar la humedad.



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