El Pensamiento Religioso
Como contrapunto al brahmanismo surgieron: el jainismo y el budismo.
El primero tuvo como fundador a Nataputta, quien vivió del 546 al 478 a.C. Esta doctrina se fundamenta en la manifestación de amor a todos los seres y las cosas. Mientras tanto, el budismo se inicia con el nacimiento de Siddharta Gotama o Gautama en el 570 a.C. en el seno de una familia de príncipes de Kapilavastu en Nepal, en cuyo seno siempre fue protegido de la pobreza, pero luego al ver la realidad se convirtió en asceta y cuando descubrió que el espíritu del hombre tendría mejor desarrollo en un cuerpo sano que en uno entorpecido por el ayuno pasó a ser Buda, el “iluminado”. Buda encontró un camino intermedio hacia el Nirvana y la iluminación, recorriendo las "Cuatro Verdades", siendo la más importante la de las "Ocho Sendas", que consiste en la rectitud en el obrar, el decidir, el hablar, el pensar, el vivir, el esforzarse, el atender y el concentrarse.
Budismo
El budismo se desarrolló al sur de los Himalaya, en la India, por la misma época de las dos
doctrinas anteriormente reseñadas y llegó a China por la cuenca del Tarirh, en el año 65 a.C. Su expansión por el imperio se debió al acoplamiento de sus teorías con las necesidades espirituales del pueblo chino. Pasado el tiempo, el budismo chino se separó radicalmente del hindú pero, sus enseñanzas marcaron enormemente las expresiones culturales y la concepción del mundo que tenían los habitantes de esa nación.
3.000 años antes de Cristo, los fundadores de la civilización hindú empezaron a evolucionar socialmente en su entorno. Eran los drávidas, pertenecientes a una raza de características blancas pero con piel oscura. Sus ciudades magistralmente construidas, empleaban las más ordenadas formas urbanísticas, de manera que sus casas en ladrillo conformaban pequeños cuadrados y a su vez hacían parte de una inmensa cuadrícula. Hacia el año 1990 a.C, las tribus arias provenientes de Rusia se introdujeron en los territorios indios, a través de Irán. Según la tradición, las cuatro primeras castas nacieron de Brahma, los brahmanes o sacerdotes venían de la boca de Brahma; los kshatriyas o guerreros, de los brazos; los vaisyas o comerciantes y los agricultores, de los muslos; y de los pies provenían los sudras o siervos. Las tres castas superiores correspondieron a los invasores, y la de los sudras a los dominados; existían también los célebres intocables o chandalas, considerados como inferiores a los animales. El brahmanismo se constituyó en la forma de vida de los hindúes, permitiendo que con el tiempo adquiriera un poder superior al del gobierno. Surgieron subcastas y para ellas se diseñó una serie de reglas llamadas dharma, las cuales debían ser observadas al pie de la letra, so pena de convertirse en "intocable".
Confucianismo
El confucianismo se origina en la acción de un joven nacido en el 551 a.C.
y de nombre Kong-Fu-Tsé (Confucio). No rechaza la existencia de divinidades, se centra en la organización del mundo para beneficio de la familia y la sociedad en general, sin atender los requerimientos de los individuos en particular y siguiendo las enseñanzas de los ancestros y de los muertos. Sus consignas son: fidelidad, altruismo, humanidad, ecuanimidad, respeto por los ritos, inteligencia y ser un buen hijo. Confucio escribió el libro de los Anales del pasado, o Chu-King; el de Los ritos, Li-Ki; el de las Cuestiones morales, Ta-Hsueh; y el Yi-King, que explica El dualismo Yang-Yin o del equilibrio.
Taoísmo
Las tres corrientes más importantes surgen entre los siglos VI y V a.C. El fundador del taoísmo fue Lao-Tsé,
nacido en el 604 a.C. Fue funcionario de la corte Cheu y, cuando esta dinastía llegó a su fin, Lao emigró hacia el Tíbet. Traspasando la frontera de su país, Lao-Tsé escribió durante varios días, y no se levantó hasta terminar los 81 capítulos del Tao-Te-King, dejado en manos de un aduanero que le rogó le enseñara la verdad sobre la vida.
El Tao enseña la disciplina de la dulzura, la humildad y la piedad, buscando que el ser humano retorne a su estado primitivo, con la capacidad de dar sin esperar recompensa a cambio. El taoísmo trata de inculcar en el ser humano la necesidad de abandonar lo mundano, preocupándose más por la obra que por la consecuencia. Emplea la meditación trascendental y la mística, sacrificando los placeres terrenales para acceder más rápido a los del espíritu.
La Muralla China
En 221 a.C. el poderoso Tsin-Chi-Huang-Ti, aplaca a los Seis Reinos y empieza la construcción de la Gran Muralla, que alcanzaría las enormes proporciones aún intactas en los albores del siglo XXI, siendo la única obra realizada por el hombre en la Tierra que se puede observar desde la Luna. Este emperador fundó la dinastía Tsin, o Chin, de la cual proviene el nombre de China; emprendió la tarea de unificar el país, dividido en pequeñas ciudades independientes. Rechazó a los
hunos, en el norte, prolongando sus dominios hasta el sur de Mongolia.
Con la dinastía Tsin, cambió la capital a Hien-Yang y se construyeron vías de comunicación entre las ciudades, favoreciendo el comercio y el empleo. A la muerte de Tsin’Chi-Huang-Ti, en el 210 a.C, su sucesor no supo conservar la majestuosidad dinástica pronosticada para 10 mil años. Lieu-Pang inauguró en el 202 la dinastía Hang, conservando la costumbre Chin de quemar los textos históricos; pero cuando en el 194 ascendió el segundo emperador de esta casa, los libros que habían permanecido escondidos pudieron ver nuevamente la luz y algunos otros fueron reconstruidos por los rnemoristas que los estudiaran antes de su desaparición.
En cuatro siglos de los Hang en al mando de China, el emperador Wu-Ti se destacó por su erudición y conocimiento de las letras. Entre el 167 y el 113 a.C, Wu-Ti conquistó la parte central de Corea y alejó a los hunos de sus territorios en el 121 a.C; distribuyó equitativamente la tierra y fomentó sistemas de crédito y abastecimiento de insumos.Hasta el 24 d.C, los hunos siguieron amenazando la estabilidad del imperio, pues los monarcas descuidaron lo cultural y social para dedicarse a salvaguardar la unidad del país.
En el 25 d.C, el emperador Kuang-Wu-ti revitalizó al imperio Hang valiéndose de su rama oriental. Poco después de la muerte de César, China era quizás algo más extensa que Roma y su unidad era mucho mayor que la de los occidentales. Hacia el 65 d.C, el budismo da los primeros pasos para convertirse en una de las tres religiones chinas, al lado del taoísmo y del confucianismo. Con el final de los Hang a causa del levantamiento campesino de los «gorros rojos», la nación se divide en tres partes, agrupadas en torno a las ciudades de Nankin, Lo-Yang y Ch’eng-Tu. Mientras unos débiles Tsin occidentales se hacen cargo del imperio, los hunos, los manchúes, los tibetanos y los mongoles se apropian de él. Los Tsin orientales se mantuvieron hasta el 420 d.C, porque escaparon a los hunos y se instalaron en la alejada región de Nankin. No obstante la dominación de todo Oriente en manos de los unificados bárbaros, los chinos eran los consejeros y en algunos casos los administradores de sus viejas ciudades.
Imperio Chino
Según la leyenda, el origen de la civilización china se remonta al momento en el que P’an ku -el primer hombre- inició la organización del universo que le llevó 18 mil años. A su muerte, su cabeza se habría convertido en una enorme montaña, su respiración en viento y nubes, sus lágrimas en ríos, su voz en trueno y los piojos que la habitaban en seres humanos. Luego
gobernaron los reyes del Cielo, de la Tierra y del Hombre, cada uno por un periodo igual al de !a conformación del universo. En adelante, los relatos chinos hablan de los "Diez Períodos de Progreso", en los que el hombre descubriría las técnicas necesarias para vivir en comunidad. Después surge el primer emperador, Hoan-ti, que con sus cuatro sucesores -Fu-Hi, Shon-Nung, Yan y Yu- que conforman la época de los cinco soberanos antediluvianos, entre los años 3000 y 2000 a.C. El emperador era de características sagradas, considerado hijo del Cielo con poderes absolutos. Seguían en la escala de poder los mandarines, sobre quienes reposaba la autoridad del emperador; ellos dirigían administrativamente al imperio, encargándose de la imposición de la justicia y el cobro de los impuestos.
La primera dinastía de los Hia, inicia con Yu, en el 1989 a.C. A él se atribuye el envío de dos científicos para que midieran la circunferencia de la Tierra, la construcción de caminos y túneles y el laboreo sobre los lechos de los ríos para evitar las inundaciones que azotaban a su pueblo. En 430 años hubo 17 emperadores Hia, preocupados por el bienestar de sus súbditos y el mejoramiento de los cultivos; en su tiempo se desarrolló la cerámica de Ho-nan, y el país se extendió hacia el occidente, fundando once poblaciones. Su último emperador fue Kie, por cuya crueldad uno de los más honrados y prósperos ciudadanos, Chon-Tang, lo depusiera.
Así, en el 1558 a.C. inician los Chang, o Yin, que gobernaron hasta el 1050, con fuerte oposición del feudalismo y levantando el nivel de vida; Ngan-Yang, fue la capital del Estado. Como sus predecesores, la dinastía Yin decayó a causa de las torturas a que las gentes eran sometidas por parte de Cheu-Sing, aconsejado por la cruel T’a Chi. Un grupo revolucionario comandado por Wu-Wang, dio un golpe militar, abriéndose paso la extensa dinastía de los Cheu, que tuvo el mando del país por más de ocho siglos, hasta el 221 a.C. En tanto que Grecia crecía intelectual y culturalmente, los emperadores Cheu manejaron los destinos de China. Se preocuparon por estudiar e implementar nuevas formas de policultivo, para solucionar el hambre que empezaba a aquejar a sus súbditos. Tan, organizó el Estado en feudos y subfeudos. Lo más importante bajo la dinastía Cheu, entre los siglos VI y V a.C, es la aparición de los primeros historiadores, sabios y filósofos que enseñaron la forma de vida que aún domina este país dé Oriente. El pensamiento chino alcanzará entonces su máximo esplendor, en nombres como los de Lao-Tsé y Confucio.
La capital del imperio durante la dinastía Cheu fue Lo-Yang, ubicada sobre el río Amarillo. Luego del mandato de Yeu «El Melancólico» y de P’ing «El Pacífico», sigue la etapa de los Seis Reinos belicosos en la que algunas ciudades luchan por la supremacía política. Al final de estos conflictos y como consecuencia de ellos, la casa Cheu deja a los Chin el poder imperial.
Arte y Religión
Los egipcios son uno de los pueblos que más enseñanzas ha dejado a la posteridad; sus manifestaciones artísticas no sufrieron mayores cambios durante los milenios en que se desarrollaron, al punto que las más pequeñas modificaciones denotaban la muerte de un faraón o un cambio de dinastía. Lo que querían de sus esculturas era la inmortalidad, sin descuidar por ello la belleza y la armonía. En el Reino Antiguo, se construyeron las pirámides y la estatua de Kefrén, al parecer en busca una vida hermosa para los muertos, llegando las estatuas a un gran parecido con los modelos, pues, en años posteriores, pese a que el tallado alcanza mayor desarrollo, las esculturas no reflejan la vitalidad de las del Imperio Antiguo. Ante la posterior decadencia del imperio, los faraones no pudieron invertir el oro en la construcción de sus tumbas. Los artistas se especializaron entonces en las pequeñas
estatuillas. Sigue el periodo de los hicsos, en el cual el arte permaneció estancado, pero a partir del XVIII la dinastía con los Tutmosis, talladores, escultores y pintores rememoraron épocas pasadas, a la par que el país retomaba su esplendor. Luego, con Akenatón, se produce el único cambio digno de remembranza en el desenvolvimiento de las artes de Egipto.
Es este emperador quien al declararse servidor de Atón da libertad a los creadores para que expresen en sus obras la belleza de la naturaleza, sin los estereotipos del pasado. Infortunadamente, con el nacimiento de la XIX dinastía las cosas vuelven al letargo; la orfebrería, los murales y las tumbas pierden originalidad. En cuanto a la escritura, es importante resaltar el descubrimiento de la piedra de Rosetta, por parte de Champollion, hecho a partir del cual se empiezan a descifrar los misterios de los grabados egipcios, que evolucionaron en las fases, ideográfica, silábica y fonética, todas ellas como una conjunción que dará origen a los alfabetos antiguos.
Para los textos literarios se empleó inicialmente la escritura hierática y posteriormente la demótica. Deben destacarse el Libro de los muertos, que supone una guía para que los difuntos se orienten en el mundo de ultratumba, y el Mito de Osiris. Es de anotar que tanto en la literatura como en las artes pictóricas, impera su poderosa religión politeísta, en la que se destacan divinidades como Ra- (dios del Sol), Shu (emperador del aire), Osiris, Seth, Horus, Isis, Amón, Thot y Maat, entre otros, encargados de proteger a las diferentes ciudades de la nación.
Faraones del Antiguo Egipto
En 1062 a.C se da comienzo a la XXI dinastía, con Smhendes, con capital en Tanis mientras los gobernantes de la dinastía teocrática de Hrirhor se mantuvieron en Tebas. La dinastía XXII (935 -725 a.C), empieza de nuevo el gobierno de los extranjeros (los hicsos ya lo habían ejercido), todos los mandatarios de esta dinastía eran libios, del oeste del delta. Shashank I, reunificó el país gracias a que uno de sus hijos fue sacerdote supremo de Amón-Ra;. Luego Oshorkón II, envió guerreros a Karkar con los aliados siriopalestinos en contra de Salmanasar III. Finalmente gobernaron Takelot II y Shashank IV.
Las dinastías XXIII y XXIV fueron paralelas a la anterior, sólo duraron un par de décadas y a ellas siguió la casta etíope, tras el debilitamiento de la libia; desde tiempos inmemoriales los etiopes habían asimilado la cultura, la religión y la política de los egipcios. En el 712 a.C Pianki tomó posesión del trono, derrotando sin mayores dificultades a Senthnakhte, faraón de la XXIV dinastía, y fundando la XXV. El reinado de los etíopes duró más de 50 años, en los que cuatro mandatarios dominaron la parte meridional cerca de sus asentamientos, ya que la región del delta estaba en manos de los asirios. En el 660 a.C, los asirios se abalanzaron sobre el resto del reino y pusieron en huida a los etíopes, que se replegaron a su nación. Con los asirios, Egipto parece renacer de su destrucción y opacamiento, en el período saíta, por su capital en Sais. El rey Psamético I apoya las artes y la industria, propiciando una bonanza creciente que, sin embargo, relegaba a los nativos de Egipto a un segundo plano.
Imperio Nuevo
En el comienzo de la XVIII dinastía, del Nuevo Imperio, Amhosis expulsa de Egipto a los hicsos. En su gobierno y el de su hijo Amenofis I, (1545 a 1525 a.C), se militarizan las fronteras de Libia y Nubia y el poder central retorna a Tebas. Se perfila así un Estado militar en el que los guerreros ocupan lugares preponderantes dentro de la escala social. La expansión del imperio fue notable. Amenofis I fue sucedido por Tutmosis I (1525-rl512 a.C), y éste por Tutmosis II, (1512-1504 a.C), artífices ambos de importantes victorias en las campañas de Siria, Palestina y Nubia. La esposa de Tutmosis II, Hatshepsut, -ante la corta edad de su hijo, Tutmosis III asumió el faraonazgo entre 1503 y 1482 a.C.
En tanto, Tutmosis III se hacía adulto en las filas del ejército, para acceder finalmente al trono unitario en 1469 a.C, con lo que se inició una de las épocas más prósperas en la historia de Egipto. El país se enriqueció como nunca antes debido a los triunfos de su rey en el extranjero. Tutmosis III emprendió la conquista de Siria y Palestina, y en Meggido venció a los aliados bajo las órdenes del soberano de Kadesh de Orondes. Luego de dieciséis campañas en territorio asiático, Tutmosis III fundó un inmenso imperio que se extendía hasta las riberas del Eufrates. Los inconvenientes que habla tenido que afrontar ya estaban superados. Kadesh, su más fuerte rival, había caído en la sexta campaña, en 1474, y doce años mas tarde, en 1462 ; a.C, nuevamente fue abatida; en la octava campaña (1471), Los egipcios surcaron el Eufrates y saquearon a los hurritas en Mitanni. Por el sur, Tutmosis 10 llevó su reinado hasta la cuarta catarata, nombrando un virrey para Nubia. Durante aquel período se empezó a usar el término de «Gran Casa», o «Faraón Bíblico», para designar a los de la estirpe monárquica.
Ramsés I fue el encargado de iniciar la XIX dinastía, en Tanis, ciudad del dios Seth. Su gobierno se mantuvo durante el año 1318 a.C, sucedido por su hijo Seti I, quien rescató los territorios perdidos por Akenatón y obtuvo victorias en Siria, Palestina y Kadesh. Seti I dejó el trono a Ramsés II (1304-1237 a.C), quién tuvo serios inconvenientes para preservar a Egipto. Los enfrentamientos con los hititas, pusieron siempre en peligro al imperio. En este periodo se puede ubicar la época de esclavitud de los israelitas en Egipto y probablemente su huida bajo el comando de Moisés; Desde 1223 a.C, momento en el que Merneptha muere, es difícil establecer los nombres de los últimos gobernantes de la XIX dinastía, probablemente extinguida en el 1193 a.C.
La última dinastía del Imperio Nuevo, la XX, se inició con Ramsés III en 1190 a.C, los egipcios debieron enfrentar la arremetida de los confederados del mar, los filisteos, los sicilianos, los sardos, los griegos y algunas otras fuerzas de menor envergadura. Las victorias de Ramsés III quedaron grabadas en las paredes del templo que lleva su nombre en Medinet Habu. A partir de 1157 a.C, con la muerte del "Defensor de Egipto", vino una secuencia de Ramsés, desde el IV hasta el XI, quienes gobernaron entre 1156 y 1063 a.C. en una etapa de decadencia continua. El poder quedó en manos de los sacerdotes de Amón-Ra, que poseían el dominio sobre la mayor parte de las tierras.
Los Sumerios
Se establecieron hace unos 6.000 años en Mesopotamia (del griego "entre ríos"), planicie en medio de los ríos Tigris y el Eufrates, al sur del territorio que hoy ocupa la ciudad de Bagdad. Esta región es una franja estrecha entre el Mediterráneo y el golfo Pérsico, allí se obtuvieron en tiempos pasados excelentes cosechas, y sus habitantes vivieron especialmente de la agricultura.
Específicamente se establecieron al oriente de Mesopotamia, cerca de las desembocaduras del Tigris y el Eufrates. Al parecer llegados desde la región montañosa ubicada al noroeste del valle, y no pertenecían a las etnias semita ni indoeuropea. Construían sus ciudades sobre plataformas cuya base alcanzaba varios cientos de metros de diámetro, y alturas de entre 5 y 15 m.
Con los años su civilización fue evolucionando. El año 3000 a.C. dominaron la escritura, en su particular estilo cuneiforme o en forma de cuñas. Como papel se empleaba la arcilla, y como tinta el punzón, y en las bibliotecas de las ciudades reposaban centenares de escritos, todos ellos consultados constantemente. Cada uno de los centros urbanos era un distrito agrícola en el que se cultivaban el trigo y la cebada, todo bajo el mando de un jefe-sacerdote denominado pátesi. Pese a la prosperidad, los sumerios no fueron un pueblo pacífico; constantemente se sostenían luchas entre sí o contra los nómadas semitas, que amenazaban con apoderarse de sus riquezas a partir de las batallas y el comercio.
Su poderío militar se atribuye a que manejaban el metal en la fabricación de armas y empleaban gran parte de su tiempo en el entrenamiento de las tropas.
Esto obligaba a los semitas al trueque de mercancías con piedras preciosas, oro, plata, marfil, especias y ganado, que cambiaban por frutas, verduras, vestidos, espadas y cuchillos. A raíz de la obtención de herramientas y de conocimiento de los metales y de las organizaciones sociales, los semitas se convirtieron en pueblos sedentarios, estableciéndose al norte de Sumeria.
