Arte de Persia

arte de persia El arte persa continúa, en sus líneas generales, la tradición artística mesopotámica, pero se distingue de ella por dos razones: la matización que produce el hecho de haber asimilado el arte helénico y las diferencias geográficas. En efecto, las montañas iraníes abundan en piedra y en madera, lo que permite a los persas cubrir sus edificios en forma adintelada y emplear profusamente las columnas de piedra.

 

ARQUITECTURA

 

El monumento arquitectónico más importante es el palacio, que tiene en común con los palacios asirios las puertas monumentales, flanqueadas por toros alados antropocéfalos, y se distingue de ellos por las largas vigas que componen su cubierta y por las columnas de sus pórticos.

 

Los palacios más representativos de la época aqueménide (anterior a la conquista de Alejandro) son los de Susa y Persépolis.

 

De la época persa sasánida (postalejandrina) son los palacios de Firuzabad, Servistán y Ktesifonte, cuya diferencia más notable con los anteriores es su cubierta abovedada.

 

ESCULTURA

 

Continúa la tradición caldeo-asiria, matizada por la mayor esbeltez y elegancia derivadas de la influencia helénica.

 

Son famosos los toros alados del palacio de Persépolis y, sobre todo, los frisos del palacio de Susa que representan luchas de animales (león atacando al toro), de hombres y animales (Gilgamesh venciendo sin esfuerzo a un león o a un toro), así como los desfiles de arqueros.

 

MUSICA

 

En Mesopotamia y Persia, la música era practicada principalmente por mujeres, sobre todo por muchachas bailarinas. Los músicos, que no eran muy numerosos, estaban encargados también de los poemas y cantos épicos.

 

Los instrumentos principales eran la lira, la flauta, los tamboriles y sobre todo el laúd, que pasaría a ser, posteriormente, el instrumento más importante de los pueblos islámicos.

Trasplante de Arboles

Transplante Los árboles cultivados en vivero son los más fáciles de trasplantar; el sistema de culti­vo que se les aplica está orientado a este fin. Con cuidado, es posible trasplantar árboles ya enraizados a un lugar mejor. Los árboles grandes son los más difíciles de trasplantar y requieren numerosa mano de obra o enormes máquinas. Aun así, el árbol no sobrevive sin laboriosos preparativos, iniciados dos o más años antes. Primero se cavan zanjas a uno de sus lados, después al otro con un interva­lo de un año; las zanjas se rellenan de manti­llo de hojas. El árbol llena el mantillo con raí­ces de absorción fibrosas hasta formar un sis­tema compacto, que permite trasladarlo sin que la mitad se pierda. En viveros sobre sue­los arenosos y ligeros, es posible trasladar los árboles cada año con la finalidad de que no formen raíces profundas y sea más fácil tras­plantarlos.

Los árboles más fáciles de trasplantar —los aficionados pueden cambiarlos de lugar dentro de su jardín— son las coniferas de jardín típicas: cipreses y tuyas (Thuja), duyas raíces se apelotonan cerca de la superficie del suelo. Dos hombres pueden preparar en un día un nuevo hoyo, desenterrar y trasladar un árbol de hasta 6 m con el cepellón de raíces casi in­tacto. Con un tutor robusto o con vientos de cuerda y riegos regulares durante un año, hay probabilidad de éxito.

Plantar un árbol es sencillo; en las repobla­ciones forestales se plantan decenas de miles. Se hacen hoyos, se meten las raíces y se afir­ma la tierra sobre ellas. Pero las garantías au­mentan si a los árboles se les prodigan aten­ciones. La plantación en hoya, colocando el árbol en una pequeña depresión, favorece el flujo del agua en las zonas secas; por el con­trario, la plantación en terreros, que se prac­tica con el árbol ligeramente elevado sobre el nivel del suelo, conviene más a los suelos muy empapados.

Plantar Arboles

Mejor Época Para Plantar.

En regiones de inviernos rigurosos es me­jor plantar a principios o mediados de prima­vera, cuando el suelo se ha deshelado y no está muy empapado. En zonas más templa­das es preferible plantar los árboles caducifolios hacia la época en que pierden sus hojas. Sus raíces pueden crecer sorprendentemente con tiempo invernal benigno y enraizar mejor que si se plantan en primavera. Además, es menos probable que los fríos vientos prima­verales los deshidraten, ya que han tenido el invierno para enraizar. En estas mis­mas regiones, los árboles perennifolios pue­den plantarse a principios de otoño o de pri­mavera. Si es en primavera, la temperatura del suelo no debe ser inferior a 5º C ni haber riesgo de vientos fríos desecantes. A los árbo­les de especies frondosas perennifolias se les pueden suprimir hojas para reducir las pérdi­das de agua por transpiración.

En principio, los arbolitos que crecen en tiestos y cubetas pueden plantarse en tierra en cualquier tiempo. Si se plantan en pleno vera­no, deben regarse a menudo. Puede que un árbol de aspecto floreciente haya estado de­masiado tiempo en una cubeta, de modo que la tierra esté repleta de una densa maraña de raíces. Para asegurar un buen agarre, se ha de sacudir esa tierra vieja, desenmarañar las raíces y extenderlas con cuidado en el hoyo al plantar.

lo mas importante para un árbol Lo más importante para un árbol recién plantado es evitar que sus raíces se dañen. En los tamaños sem (estándar y mayores se han de atar a un tutor después de los dos primeros años de la plantación. Un sistema práctico de amarrarlos es una banda de plástico regulable con una hebilla, para que árbol y tutor no se toquen. El daño que pueden causar los animales se evita mediante una defensa cilindrica de plástico ótela metálica; al menos ha de proteger la parte baja del tronco, hasta 60 cm de altura. En las zonas de veranos calurosos la corteza de los árboles jóvenes puede quemarse después de haberse trasplan­tado al exterior. Si se envuelve el tronco en papel, se le protege contra el sol.

Nichos Ecológicos

Los árboles evolucionan para adaptarse al ambiente local. Esto puede observarse en los árboles de una cordillera orientada en direc­ción norte-sur. En las cordilleras del oeste de Estados Unidos y Canadá, el área de dis­persión de cada especie arbórea se va estre­chando de norte a sur. En las sierras meridio­nales una especie puede encontrar su nicho ecológico a gran altitud, pero en la cordillera de las Cascadas o incluso más al norte, en la Coast Range, esa misma especie se ve obli­gada a descender hacia el nivel del mar para encontrar condiciones climáticas similares (duración del período nevoso; número de días con temperatura superior a los 4o C, a la cual puede seguir creciendo y formar madera nueva).

Si se planta un árbol o germina su semilla fuera de su zona natural de distribución pue­den amenazarlo varios peligros. Un alerce de Siberia plantado en un clima más templado podría desarrollarse bien en la estación de crecimiento más larga, y ser todavía muy re­sistente; pero las temperaturas más altas de lo habitual le engañan y hacen salir de su letar­go invernal a principios de primavera. En consecuencia, empieza a crecer, pero su cre­cimiento puede malograrse por heladas primaverales tardías.

Lo contrario ocurre cuando un árbol del sur se planta más al norte. El árbol puede es­tar relativamente seguro en primavera, pues sus yemas se abrirán más tarde; pero, si el crecimiento continúa ya avanzado el verano septentrional, su nueva madera será todavía tierna e inmadura al llegar las primeras hela­das otoñales.

Más sorprendentes son las dificultades que experimentan los árboles de la costa oeste de Norteamérica al plantarlos en la costa atlánti­ca, o los de Oriente al plantarlos en Europa. Las coníferas del Oeste americano están tan fuera de lugar en Nueva Inglaterra, como los robles de Ohío en Gran Bretaña o en Fran­cia. En cambio, con las piceas de las regiones subárticas de Canadá y Noruega se repuebla Europa Occidental.

cadenas de montañas

Las cadenas de montañas del oeste de Norteamérica [A] van desde la Coast Range de Columbia Británica, al norte, hasta las sierras de California, al sur, a través de la cordillera de las Cascadas de Washington y Oregón. La sección transversal [B] señala las altitudes a las que se encuentra la misma especie arbórea. En el sur, el pino blanco de las Rocosas (Pinus montícola) crece a 2.750 m; en el norte debe bajar hasta los 750 m para encontrar las mismas nichos ecológicoscondiciones de crecimiento. Éstas se refieren, en su mayor parte, a la duración de la estación de crecimiento, con temperaturas de más de 4° C. Hay ciertas excepciones a esta regla, causadas por las meras condiciones locales antes que por las generales relativas al clima, sobre todo allí donde aumenta la competencia con otras especies. Las especies mencionadas en el diagrama son, en su mayoría, coniferas: abetos, pinos y otros árboles de ambientes montanos templados.

Viveros de Arboles

Los botánicos exploradores han traido a los jardines, parques y arborétums miles de especies que vivían en hábitats lejanos o casi inaccesibles. En un empeño más prosaico, los arboricultores también han contribuido mu­cho a aumentar la gama de árboles disponi­bles en el mercado.

Cuando un explorador lleva a su país una especie nueva ó una variedad nueva de una especie ya conocida, los arboricultores suelen cruzarla con especies diferentes para producir híbridos de mejores características comercia­les; por ejemplo, más fáciles de arraigar en un jardín de aficionado, de más rápido creci­miento o con flores más atractivas que las de sus progenitores.

Además, el arboricultor observa minucio­samente los viveros por si apareciese una mu­tación interesante. Muchos de los árboles más plantados hoy han sido seleccionados a partir de mutantes. Sólo unos pocos cultivars (variedades seleccionadas porque presentan unas cualidades deseables) se reproducen de manera fiel por medio de sus semillas, pero un gran número sólo puede propagarse me­diante métodos de multiplicación asexual: bi­partición, plantación de esquejes, acodado e injertado. En general, los cultivos consegui­dos por hibridación interespecífica son estéri­les; esto implica que los métodos de multipli­cación vegetativa son los únicos para propa­gar estas plantas.

Los nombres de antiguos viveros famosos se conservan en las plantas que crearon o se­leccionaron: Lucombe de Exeter, Hillier de Winchester, Späth de Berlín, Vilmorin de París (Sorbus vilmorinii), Veitch de Chelsea (Ampélopsis veitchii). Estos nombres son tan familiares a los jardineros entendidos como los grandes nombres de hoy: Hillier de Win­chester, Treseder de Truro, Hesse de Bremen y Gulf Stream de Virginia.

No obstante, la mayor parte del trabajo en un vivero consiste simplemente en producir una amplia variedad de plantas listas para ser replantadas. Es lógico que la tendencia actual sea limitar la producción a las especies y cul­tivars de mayor demanda. El vivero que se ilustra se ha inspirado en uno (Hillier de Winchester, Inglaterra) que practica lo con­trario. Su Manual de árboles y arbustos es también su catálogo, que incluye una lista de casi 8.000 especies de árboles, arbustos, lia­nas y bambúes resistentes en el hemisferio Norte.

viveroEn este vivero hay un cobertizo [1] para guardar tractores y aperos. En uno de los edificios [2] se hacen injertos y se preparan esquejes; si éstos no arraigan, hay que injertar en patrones de enraizado rápido. En el invernadero de atmósfera saturada de humedad [3], los bancales cuentan con pulverizadores de agua. De este modo, se crea una densa neblina alrededor de los planteles de esquejes, manteniéndolos en condiciones ideales para que arraiguen. Se siembran semillas [4]de los árboles de mayor demanda; un operario controla en el remolque el ritmo de plantación. Las semillas y esquejes en espera de ser manipulados se guardan en una cámara refrige­rada a 3° C [5]; así se conservan durante meses. Los túneles de politeno [6] son invernaderos aptos para proteger y cuidar las plántulas que acaban de brotar de esquejes durante un período de arranque. En un cober­tizo se enmacetan mecánicamente [7] vivero.los plantones que ya han enraizado del invernadero nebulizado o de los bancales. Los árboles cultivados en cubetas de plástico son almacenados en bancales de cubetas, cuya tierra artificial se compone de arena y turba empapadas [8]. Esos árboles y los mayores dispuestos en macetas y cubetas ante el invernadero están listos para la venta. Un tractor con pulverizador [9] rocía las plántulas con insecticidas o herbicidas selectivos. Otro tractor [10] corta las raíces de los arbolillos con una cuchilla subterránea, para evitar que se formen raíces pivotantes. Hay bancales con tuberías de riego permanente [11]; en ellos las semillas se siembran a mano. Los abrigos de plástico del final del bancal disponen de nebuliza- dores para los esquejes que enraizan en verano. Hay una reserva de árboles permanentes [12] de los que se recolectan las semillas y se toman los esquejes. Los locales administrativos tienen un pabellón adjunto [13] donde se guardan los productos químicos.

Trabajos Forestales

Al cabo de 15-25 años se inician las talas. Una cierta proporción de árboles, a menudo la cuarta parte, se tala para aclarar la arbole­da y dejar a los otros más espacio para cre­cer. Esta operación se repite cada pocos años hasta que la plantación se considera madura. Después, a partir de los 40 años para piceas y pinos y tal vez de los 200 para robles, se tala toda la madera del bosque. Entonces, la tierra vuelve a repoblarse con el siguiente cultivo arbóreo.

la tala de arboles

La corta de árboles con motosierras de cadena ha sustituido en general a las hachas y sierras de mano. Para cortar esta alta douglasia, el talador hace primero un corte en su parte inferior, extrayendo una especie de cuña del tronco por el lado por que se quiere que caiga el árbol. La pérdida de apoyo hace que el árbol se incline un poco y que las fibras que quedan se mantengan tensas. A continuación, el talador hace un corte limpio por la parte-opuesta y rompe las fibras, que se van abriendo y separando de la sierra, de manera que ésta ya no queda bloqueada. Finalmente, cuando se rompe el último segmento delgado de madera, el árbol cae sin ningún riesgo en la dirección deseada.

Explotación Forestal

La explotación forestal selectiva  es un método simple de producir madera útil con la menor perturbación del medio ambiente y al coste más bajo. Tras un minucioso estudio de los árboles que crecen en determinado lugar y de su tasa de crecimiento y de reproducción natural por plántulas nacidas de sus semillas, un ingeniero forestal traza un plan de trabajo. Según este plan se explota, por ejemplo, un décimo del bosque cada año en rotación de­cenal. Los taladores cortan los árboles adul­tos seleccionados y crean claros que se repo­blarán de forma gradual y espontánea con nuevos arbolillos; así mismo aclaran los gru­pos de árboles inmaduros de menor tamaño. Así se causa el mínimo perjuicio al dosel arbóreo, al suelo, a la vida salvaje y al paisaje. Es el sistema preferido en los parques nacio­nales y en las laderas montañosas, donde las talas provocan la erosión del suelo o produ­cen aludes.

Los bosques de árboles de una misma es­pecie y edad son los escogidos cuando hay que repoblar tierras desnudas para aumentar el suministro maderero de un país, sustituir el monte bajo improductivo por árboles de más valor o replantar zonas de­vastadas por anteriores talas abusivas o in­cendios forestales. Mediante este método se cultivan árboles como cualquier otro cultivo, si bien durante un período más prolongado, para afrontar las necesidades de ñituros mer­cados con buenos beneficios. Se ha de hacer una elección cuidadosa de la especie más provechosa para la tierra disponible; a menu­do resultan ser especies no autóctonas. Por ejemplo, el pino insigne o de Monterrey (Pi­ráis radiata), originario de México y Califor­nia, se cultiva en Europa, Sudamérica, este y sur de Africa, Australia y Nueva Zelanda; un eucaliptus australiano (Encalyptus globulus) se cultiva en Europa, Sudamérica e India.

Semillas seleccionadas, que pueden conser­varse varios años a baja temperatura, se siembran en semilleros de suelo fértil y acon­dicionado, en general en primavera. Las plán­tulas resultantes se trasplantan a viveros, cuando tienen uno o dos años, en parte para darles más espacio pero también para pro­mover un desarrollo vigoroso de raíces fibro­sas y controlar el crecimiento demasiado rápido del brote. Al cabo de uno o dos años los arbolitos se trasplantan, a mano o a máquina, a sus lugares definitivos en el bosque. Mientras crecen, se les protege con­tra enfermedades, plagas de insectos, malas hierbas, animales ramoneadores y fuego.

Explotación forestal

Para establecer un bosque de árboles de una especié, se recogen semillas de ejemplares de gran calidad de la especie requerida [A]. En el vivero [B] se plantan aquéllas en hileras [1] y más tarde se trasplantan las plántulas [2]. Los arbolitos de 4 años [3] se trasplantan a la zona a repoblar [C]. Si no hay control, el volumen de madera a los 30 años [4] será menor que el que se obtendría si el bosque se aclarase cada 5, y a los 30 se talase [5]. Pasados los 30 años [D], el volumen de madera producida por hectárea disminuye [6] y por esta razón se tala.

bosques seleccionados

Los bosques selec­cionados se explotan a fin de asegurar rendimientos regulares con mínimo perjuicio del medio ambiente. Al hallarse juntos árboles de distintas especies y edades, se llama a estos bosques multiespecíficos y de edad no uniforme. En Oregon (EE.UU.) crecen el pino de Murray de las Rocosas o pino contorto (Pinus contorta latí folia) [2], el pino de Murray de la costa del Pacífico (P. contorta) [3], el tamarack o alerce ame­ricano (Larix laricina) [4] , la douglasiao “abeto” de Douglas (Pseudotsuga taxi folia) [5] , el pino ponderosa (Pinus ponderosa) [6] y el pino rojo americano (Pinus resinosa) [8]. Cada pocos años se seleccionan los árboles para talar y se cortan [1] y sacan sus troncos con un tractor [7]. Los árboles compiten por la luz, el agua y los nutrientes y los más fuertes eliminan a los más débiles. Las semillas que caen al suelo germinan y los arbolitos crecen en los claros creados por las cortas. Se venden a los aserraderos los troncos grandes, y los pequeños se emplean para hacer pulpa de celulosa.

Bosques Naturales

La silvicultura es el arte y la ciencia de la explotación de terrenos donde crecen árboles, de los suelos a ellos asociados y, por exten­sión, de la vida animal y vegetal que les acompaña, a fin de que rindan los máximos beneficios. Desde el punto de vista económi­co, madera, leña y pulpa de madera para la fabricación de papel son los principales pro­ductos forestales. Además, los bosques son valiosos para la conservación del suelo, la sal­vaguardia de las reservas de agua y por su atractivo paisajístico.

En muchos países, parte o incluso todas las áreas forestales son propiedad del Estado. Donde los bosques son propiedad privada es frecuente que haya algún control estatal, ya que a nivel nacional los objetivos a largo pla­zo son demasiado importantes para dejarlos en manos de particulares.

  En otro tiempo los bosques cubrían casi las dos terceras partes de la tierra firme, pero las talas para implantar cultivos agrícolas han reducido esta proporción a una escasa tercera parte. Los bosques crecen sobre todo en zonas montañosas remotas, donde cubren laderas o suelos no adecuados para la agri­cultura. Los 4.035 millones de hectáreas de bosques del mundo producen 2.000 millones de toneladas de madera comercial al año, lo que equivale a media tonelada de madera por cada habitante de la Tierra. Este rendimiento representa sólo el 1 % del volumen total de la madera en pie (árboles vivos en crecimiento). Los técnicos forestales procuran mantener un rendimiento sostenido para satisfacer las necesidades del futuro. No obstante, las reser­vas han sido seriamente dañadas.

Los bosques naturales  cubren vastas áreas en las zonas septentrionales, sobre todo en Canadá, norte de Europa y URSS, así como en otras muchas regiones montañosas. En las zonas templadas del hemisferio Norte, la mayoría de árboles forestales son coniferas que producen madera resinosa, muy solicita­da para la construcción, embalajes y pasta de papel. Más al sur, los bosques de árboles de hoja laminar —robles  y encinas, fresnos, hayas, abedules y arces— son una importante fuente de madera de frondosas, cada una de cuyas Variedades es apta para determinados fines, como la construcción naval o la fabri­cación de muebles.

En las regiones tropicales y ecuatoriales de América, Africa y Asia y en el norte de Aus­tralia, crecen árboles frondosos en extensas y densas selvas húmedas (pluviselvas) y, allí donde llueve menos, en sabanas abiertas y en bosques galería ribereños. La mayor parte de las maderas que producen son de uso local, pero las mejores, como teca , caoba , bibirú y palisandro, se exportan.

bosques naturales

Los bosques naturales son casi todos de las frondosas abundan del cinturón subboreal coniferas; los de en las demás áreas.

roble albar

El roble albar (Quercus robur) forma bosques en las zonas templadas de Europa. Es fuente tradicional de madera de gran dureza, durabilidad y belleza de veta.

 

la teca
  La teca (Tectona grandis) vive en las junglas de India, Birmania e indonesia. Su dureza y resistencia a los agentes químicos, su fácil manipulado y el atractivo de su color pardo dorado determinan su empleo por todo el mundo en la construcción naval y en muebles sólidos de elevado precio.

la caoba
La caoba americana (Swietenia macro- phylla) es un árbol de la selva tropical del Caribe. Sedujo a los conquistadores por su madera firme, de color pardo rojo lustroso, fácil de trabajar. Se emplea para hacer mobiliario resistente y de gran calidad y también en la construcción naval.