Argumento del Cantar del Mio Cid





La poesía, por vivir en la boca, en el oído y en la memoria, tarda en ser captada documentalmente, es decir, en forma escrita, para hacerse materia de la historia. argumento del cantar del mio cidEn especial, la canción tarda mas tiempo en posarse en el pergamino que los largos cantos narrativos sobre las hazañas de los héroes. Por eso y no por otra cosa tratamos antes de la epopeya que de la lirica en Castilla, aunque sin duda vivieron siempre juntas. Conservamos solo un gran monumento casi entero de la épica propiamente dicha, el Cantar del Cid o Poema de Mío Cid, como se quiera designar.

El muy recordado y siempre citado Poema (o Cantar) de Mío Cid es el único de los poemas épicos del siglo X que ha subsistido hasta nuestros días y ello gracias a las Crónicas. La métrica regular, el extraordinario realismo y la fidelidad histórica son los rasgos que identifican a la épica española de la francesa y la germánica.

Según las ultimas investigaciones del gran estudioso Ramón Menéndez Pidal, intervienen en el dos poetas — quizá podríamos decir dos fases primordiales de composición, sin excluir aportaciones intermedias y posteriores, hasta llegar al manuscrito firmado por Per Abbat a comienzos del siglo XIV. Trata de la ultima par­te de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar (1043-1099) y, al igual que el origen de las jarchas, el sobrenombre de El Cid proviene del árabe.

El primer poeta habría trabajado hacia 1110, dando una narración acaso vivida por el mismo en parte, sobre el destierro del Cid calumniado por sus enemigos ante el rey Alfon­so VI. Pudo haber un núcleo de alrededor de medio millar de versos que el juglar callejero entonaría de una sola vez -en salmodia subrayada por sencillos instrumentos, casi todos de percusión, y sin desdeñar efectos de dramatización como un "teatro indi­vidual". La vida del héroe, aun recientemente fallecido, era lo bastante conocida como para poderse concentrar en un solo episodio dramático, de especial interés político para el pueblo, en un momento en que los castellanos veían con disgusto el creciente influjo ultrapirenaico ejercido sobre Alfonso VI y el crecimiento del poder real conmio cid mengua de las libertades de la primitiva "ancha Castilla", ganadera y abierta; el Cid serbia de mito democrático.

Pero luego cambian las circunstancias sociales en la gestación del poema. En 1140 tienen lugar unos; desposorios reales entre una biznieta ; del Cid, heredera del reino de Navarra y el hijo del <emperador> castellano Leones Alfonso VII, evitándose así una guerra. Para celebrarlo o al menos a partir de ese hecho, actúa el "segundo poeta", que ya es francamente un juglar cortesano de orientación aristocrática y mas situado en marco aragonés que castellano. Es curioso que el Cid, antes aliado en perjuicio del Rey, ahora se postre ante este en sumisión rastrera, incluso mordiendo las hierbas del suelo.

El segundo y el tercer canto del Poema -el primero es el del destierro- nos cuentan la conquista de Valencia por el Cid, y la "afrenta de Corpes", a saber, el ultraje y abandono de las dos hijas del Cid por parte de unos nobles de Carrión que se habían casado con ellas por afán de beneficiarse de las victorias del Cid, pero que en Valencia habían demostrado su cobardía. Ahora bien, este novelesco episodio, y la venganza posterior del Cid, pese a hallarse también en la crónica general Alfonsí y a pesar del convincente tono realista de todo el poema, han resultado ser una invención (el propio Menéndez Pidal lo ha demostra­do, sacrificando así parte de sus primitivas teorías sobre el valor histórico de la epopeya castellana).

En realidad, lo que hubo fue que Alfonso VI, enojado otra vez con el Cid, mando dcantar del mio cidetener a su mujer y a sus hijas con lo que sus jóvenes prometidos, los nobles de Carrión —si es que existieron- habrían de alejarse. Algunos historiadores, incluso, insinúan que el Cid literario reúne hechos y rasgos de dos personajes históricos diversos: lo que importa literariamente, sin embargo, es la persuasión de realismo del poema, en que la transición del primero al segundo poeta resulta tan admirablemente graduada que apenas se advierte, dejándonos en cambio la impresión viva, casi visual, de unas hazañas descritas con ejemplar sobriedad:

Sabemos por ecos en las Crónicas y posteriores ecos en el Romancero que hubo otros temas de epo­peya y otros cantares además del Cantar del Cid. Incluso Menéndez Pidal ha reconstruido un trozo del Cantar de los infantes de Salas, apenas prosificado en el apéndice a una crónica, y significativamente parecido a algunos romances sobre el tema (los siete infantes muertos a traición, cuyas cabezas son enviadas a su padre preso de los moros y que luego son vengados por Mudarra, hijo de este y de una mora).

En otro sentido, es interesantísimo el trozo, hallado por azar, de una epopeya sobre el tema de Roncesvalles, en que, contra la ha­bitual posición castellana, se presenta a Carlomagno y a Roldan en for­ma ‘positiva’ -no como enemigos-, pues los castellanos habían llegado a inventar la figura de Bernardo del Carpio, con su perdida epopeya y sus posteriores romances a modo de ‘anti-Roldan’.

Otro de los poemas rescatados por las Crónicas es Las mocedades del Cid (1344), en el que se toman las relaciones amorosas entre Rodrigo y Jimena como la parte principal de este cantar.

Lope de Vega y Juan Zorrilla no fueron indiferentes al Poema del Cid y lo manifestaron. El primero, con Las almenas del toro (Teatro) y el se­gundo con su obra Las hijas del Cid.

Después del Poema del Cid, apareció Menéndez Pidal con su obra Floresta de leyendas heroicas, en la que demuestra que se le puede dar un giro importante a un tema épico.



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1 Comentario en Argumento del Cantar del Mio Cid
  1. Anonymous dice:

    mmmmm parece algo interesante ahy k aprovechar…

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