Música del Romanticismo

musica del romanticismo Los inicios del Romanticismo están marcados por la figura de un músico excepcional: Ludwig Van Beethoven (1770-1827). Nació en Bonn; fue un hombre interesado por la ciencia y aficionado a la lectura; acogió con entusiasmo las ideas de la Revolución Francesa y mantuvo siempre una actitud de libertad artística. Su exigencia de no servir a nadie ni a otro interés que el de su música, ejerció una influencia fundamental no sólo en los músicos, sino sobre los demás artistas.

Su obra comenzó siendo clasicista (Sonata para piano Op 28), pero pronto evolucionó a una expresión más subjetiva (sinfonías Quinta, Sexta, Séptima, cuartetos de cuerda Op 59). A partir de 1815 y cuando ya estaba aquejado de sordera, escribió sus obras más sublimes y abstractas (Novena Sinfonía, Misa Solemnis, concierto Emperador y los Cuartetos).

La influencia sinfónica de Beethoven y las características generales románticas se ponen de relieve en Franz Schubert (1797-1828) que escribió ocho sinfonías y destacó en la composición de Heder (poemas cantados con acompañamiento instrumental).
Otros grandes del Romanticismo son Félix Mendelssohn (1809-1847), que escribió también lieder, destacando sobre todo por sus cinco sinfonías; Robert Schumann (1810-1856), cuya aportación más genial la hizo en sus sinfonías, lieder y en su obra para piano.

Héctor Berlioz (1803-1869) reformó la orquesta buscando nuevas sonoridades y agrandándola instrumentalmente. Fue el creador de la música programática (composición orquestal de inspiración literaria, en la que los movimientos típicos de la sinfonía se sustituyen por diversas escenas descriptivas).

Con Federico Chopin (1810-1849), el piano romántico alcanzó su mayor importancia. Chopin escribió para dicho instrumento prácticamente toda su obra, en la que el lenguaje armónico se hace enormemente rico y revolucionario. Franz Liszt (1811-1886) es el otro gran genio del piano romántico, del que fue además gran virtuoso.

En la música vocal de este periodo, la ópera ocupa un lugar importante, con las aportaciones de Cari María von Weber (1786-1826), de los italianos Gioacchino Rossini (1792-1868), Vicenzo Bellini (18011835), Gaetano Donizetti (1797-1848) y de los franceses Charles Gounod (1818-1893), Georges Bizet (1838-1875) y el creador de operetas Jacques Offenbach (1819-1880).

Con Richard Wagner (1813-1883) la ópera aspira a convertirse en una obra de arte total. Sus características principales serán: basarse en libretos escritos por él mismo (en los que exalta la lengua y la mitología alemanas), subordinar la melodía a la expresividad del texto, enriquecer la orquesta con nuevos timbres, armonías y cromatismo y la creación del leiv motiv (motivo musical que caracteriza a los principales personajes, los anuncia y describe) como idea unitaria de la obra. Además del Buque Fantasma, Tanhauser y Lohengrin, sus óperas más famosas son El anillo de los nibelungos (en cuatro partes), Tristán e Isolda, Los maestros cantores de Nuremberg y Parsifal.

El otro gran operista fue Giuseppe Verdi (1813-1901). Llenó todo el siglo con su música dramática y nacionalista (Nabuco, I Lombardi), incluso claramente política (Rigoletto, El trovador, La Traviata), obras estas en las que alcanza la perfección de su lenguaje. Su riqueza melódica (opuesta al sistema de Wagner) le convierte en uno de los grandes operistas de todos los tiempos. Sus últimas obras (Aida, Otello y Falstaff) culminan con una obra instrumental, el Réquiem, que compuso al final de su vida.

Giacomo Puccini (1858-1924) fue el último gran operista italiano, autor de obras tan importantes como Turandot, La Bohéme, Tosca y Madame Butterfly.

La fase del Romanticismo tardío está representada por los magníficos lieder de Hugo Wolf (1860-1903) y el sinfonismo renovador de Johannes Brahms (18331897). También fueron grandes sinfonistas Antón Bruckner (1824-1896) y César Franck (1822-1890).

Por último hay que destacar un movimiento importante que se extiende desde principios hasta finales de siglo: el nacionalismo ruso. Sus músicos más importantes fueron Mihail Glinka (1804-1857), Borodin (1833-1887), Mussorgski (1839-1881) Mily Balakirev (1836-1910) y Rimski-Korsakov (1844-1908).

Relacionado con los anteriores se encuentra el gran compositor Peter Tchaikovski (1840-1893), autor de seis sinfonías, óperas y músicas para ballets.

Otros autores nacionalistas fueron Bedrich Smetana (1824-1884), Antón Dvorak (1841-1904), Edward Grieg (1843-1907), Leos Janacek (1854-1928) y Jean Sibelius (1865-1957).

Pintura del Romanticismo

pintura del romanticismo El iniciador de la pintura romántica francesa fue Théodore Gericault (1791-1824), cuyo estilo, caracterizado por un rico colorido y por una aguda observación de la realidad, rompió con los moldes neoclásicos entonces en boga. Su obra maestra es La balsa de la Medusa.

 

El máximo exponente de la pintura romántica es Eugéne Delacroix (1798-1863), en cuya obra Las matanzas de Quíos, expuesta en el Salón de 1824, enfrenta su rico colorido con la monotonía cromática de los neoclásicos davidianos. Su obra más popular, La muerte de Sardanápalo, inicia un tipo de cuadro de temática orientalizante y exótica que se intensificaría
tras su viaje por Africa (Las mujeres de Argel). Su cuadro La libertad guiando al pueblo se ha convertido en la representación simbólica de la Revolución de 1830.

 

En Camille Corot (1796-1875) se pueden distinguir dos momentos: uno de inspiración paisajista, derivado de su formación italiana, y otro en el que la preocupación por los colores y los cambios luminosos permiten considerarlo como un precursor del impresionismo. Sus obras más importantes son La catedral de Chartres y La mujer de la perla.

 

Por último, Théodore Rousseau (1812-1867) es el creador de la escuela paisajística de Barbizon. Su obra cumbre es El bosque de Fontainebleau.

 

Paralelamente, se fue abriendo paso la corriente de la pintura realista. Honoré Daumier (1808-1879) se hizo famoso como dibujante (cuatro mil litografías publicadas en revistas satíricas). Su Gargantúa, retrato satírico de Luis Felipe, le costó seis meses de cárcel. A partir de 1848 se dedicó a la pintura, con cuadros de tema análogo y cálido colorido, como su Vagón de tercera, El motín. Historias del Quijote.

 

Jean-Frangois Millet (1814-1875) es el pintor del trabajo monótono y duro de los campesinos. Tras realizar El sembrador y Las espigadoras, se retiró a Barbizon con Rousseau, donde siguió con sus temas campesinos (El Angelus, Pastores guardando las ovejas).

 

El máximo representante del Realismo francés es Gustave Courbet (1819-1877). Su forma de entender el arte y sus gestos políticos (rechazó la Legión de Honor, fue diputado de la Comuna) le valieron la hostilidad de los reaccionarios y el fervor de los progresistas. Entre sus obras destacan Los picapedreros. El taller. La siesta, Retrato de la familia de Proudhon.

 

En Inglaterra, el más importante paisajista fue John Constable (1776-1837), quien, con su actitud naturalista y su manejo del color, contribuyó a la renovación de la pintura academicista (Vista cerca de Londres, Canal de Inglaterra y La carreta del heno).

 

El más grande pintor inglés fue William Turner (1775-1851). Excelente dibujante, a medida que su obra evolucionaba fue abandonando la precisión del dibujo para convertir sus lienzos en auténticas sinfonías cromáticas. Turner fue el pintor de la bruma inglesa, de los puentes del Támesis, del humo de las fábricas y locomotoras y también de extraordinarias escenas marinas.

 

El mejor retratista fue Thomas Lawrence (17691830). En sus retratos masculinos sabe captar el carácter de sus personajes con total objetividad (Carlos X, Pió VII, John Abernethy).

 

Aunque sea mucho más conocido por su labor como escritor, debe citarse entre los pintores románticos de esta etapa a William Blake (1757-1827), cuyas obras tienen un alto valor simbólico. Ilustró la mayoría de sus obras literarias (Bodas del cielo y el infierno).

 

A mediados del siglo XIX surgió en Inglaterra un movimiento pictórico cuya intención era volver a pintar al modo renacentista anterior a Rafael: tomó el nombre de The Pre-Raphaelite Brotherhood (P.R.B.. hermandad de prerrafaelitas). Su arte evolucionó hacia la creación de un ámbito poético ensoñador, vagamente sensual en ocasiones y evasivo siempre. Sus tres máximos representantes fueron Dante Gabriel Rossetti (pintor de sensuales heroínas románticas), Holman Hunt (que se dedicó casi exclusivamente al género religioso) y J. Millais (autor de la excelente Muerte de Ofelia).

 

Intimamente relacionados con los prerrafaelitas ingleses están los nazarenos alemanes, movimiento artístico encabezado por el pintor J.F. Overbeck, que pretendió reaccionar contra el Neoclasicismo recogiendo el legado romántico de la tradición germánica, mezclándola con una orientación mística de origen cristiano.

 

En España, el primer pintor romántico, Federico de Madrazo (1815-1894), sobresalió sobre todo como retratista (Duquesa de Alba).

 

Antonio María Esquivel (1806-1857) se hizo famoso con sus cuadros de temas históricos, religiosos y, sobre todo, con sus retratos (Lectura de Zorrilla).

 

La tendencia realista apunta débilmente en la obra de Eduardo Rosales (1836-1873), pintor de cuadros de historia (El testamento de Isabel la Católica). Mariano Fortuny (1838-1874) fue el mejor pintor español de la época. De su viaje a Marruecos le vino el interés por la luz y los colores intensos que le inspiraron sus cuadros
La odisea y La batalla de Tetuán. Su estancia en París representó el inicio de una época detallista y preciosista, durante la cual pintó obras de gran perfección técnica como El coleccionista de estampas.

Romanticismo y Realismo

romanticismo y realismo A finales del siglo XVIII, en pintura y escultura se produjo una reacción contra la rigidez académica y una afirmación de libertad y eclecticismo sin limitación alguna. Este movimiento dará lugar a la aparición de dos corrientes estéticas: el Romanticismo y el Realismo.

 

Frente al racionalismo del siglo de las Luces, el Romanticismo preconiza un culto a los sentimientos, una adoración de la sensibilidad o, aún mejor, de la sensualidad. Los románticos conciben el objeto artístico como la expresión inmediata del sentimiento, como la autorrealización espontánea de la individualidad del artista.

 

ESCULTURA

 

Por su parte, el realismo surge como oposición al idealismo de clásicos y románticos y propone buscar el reflejo de la realidad objetiva y la descripción de la naturaleza y de la vida cotidianas.

 

En el proceso de invalidación del Neoclasicismo, Francia fue la primera en abandonar los temas mitológicos para centrarse en las representaciones históricas o de la vida cotidiana. Los principales escultores franceses de este periodo son Jean-Baptiste Carpeaux (autor del grupo escultórico Danza en la fachada del teatro de la Ópera de París, del monumento-fuente Las cuatro partes del mundo en el jardín del Luxemburgo, del Busto de la Princesa Matilde) y su discípulo Jules Dalou (que esculpió el Triunfo de la República en la plaza de la Nación y el Monumento a Delacroix en el jardín del Luxemburgo, grupos que representan el triunfo de la
tendencia naturalista.

 

Pero la figura más excepcional de este periodo es Auguste Rodin (1840-1917), quien tras una estancia en Bélgica y un viaje a Italia en el que tuvo ocasión de conocer la obra de Miguel Angel, volvió a Francia y esculpió la figura de un joven con un naturalismo vigoroso (La edad de bronce), lo que le ganó el favor del público. Poco después realizó su San Juan predicando, que le valió el encargo para realizar una de las puertas del Louvre, a la que llamó Puerta del Infierno en honor de Dante, que sintetiza su temática y su estilo. En 1884, el municipio de Calais le encargó la que sería su obra maestra: Los burgueses de Calais. Otras obras muy representativas de Rodin son: Las sombras, Eva, El pensador, El beso y El dolor. También son importantes sus retratos: el de Víctor Hugo rodeado de un grupo de muchachas, el de Balzac (sin ningún atributo ornamental como exigía la convención), los de Clemenceau y Mirabeau.

 

En España, los escultores más claramente naturalistas son Ricardo Bellver (Angel caído del Retiro de Madrid), Jerónimo Suñol (autor del Dante del Museo de Arte Moderno) y Agustín Ouerol (Monumento a Quevedo).

 

El naturalismo español culmina con la obra de Mariano Benlliure, que trabaja a fines de siglo, ejecutando obras de un gran contenido popular, como el Monumento a Martínez Campos en el Retiro, sus temas taurinos (Monumento funerario a Joselito) y sus estudios de niños (El accidente del monaguillo).

Pintura Neoclasicismo

pintura neoclasicismo Los máximos exponentes de la pintura neoclásica son franceses, pues en esta época París vuelve a ser el principal centro creador de novedades artísticas.

 

El pintor que contribuyó de un modo decisivo a la afirmación del estilo neoclásico fue Jacques-Louis David (1748-1825), que desarrolló una extensa producción de cuadros de historia y mitología clásica, caracterizados por su frialdad y por su monumentalidad (Juramento de los Horacios, Las Sabinas, Juramento del juego de pelota).

 

Antoine Gros (Los apestados de Jaffa) revela un gusto por el color, ajeno a la influencia davidiana y más cercano al Romanticismo.

 

Jean-Auguste Dominique Ingres (1780-1867) fue un excelente retratista (Mademoiselle Riviére); pintó cuadros históricos (Apoteosis de Napoleón) y religiosos (Juana de Arco), pero su fama la debe a sus sensuales desnudos femeninos, entre los que destaca el Baño Turco.

 

En España, por la misma época, la genialidad de Goya, completamente despreocupada del neoclasicismo de moda, representa la más alta cima de creatividad pictórica. Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) empezó a hacerse famoso entre la nobleza y los grandes cortesanos por su labor como retratista. Pintó al ministro Floridablanca, al Infante don Luis y, después de ser nombrado primer pintor de cámara de Carlos IV, retrató a Godoy y a la Familia de Carlos IV. Más tarde retrataría también a Fernando VII. En 1792, sufrió una grave enfermedad a consecuencia de la cual quedó sordo, iniciándose con ello un periodo de ensimismamiento que le llevaría a realizar la serie de grabados titulada Los caprichos.

 

La invasión napoleónica de 1808 le causó un terrible impacto que se refleja en su nueva serie de grabados Los desastres de la guerra. Terminada la contienda, en 1814, pintó dos de sus obras maestras, La lucha de los mamelucos y Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, en las que se inicia su vena expresionista. De
la misma época es la colección de aguafuertes Los desastres de la guerra.

 

En 1819 realizó la más atormentada serie de pinturas que jamás haya pintado nadie: las Pinturas negras, así llamadas tanto por el tono predominante oscuro de su paleta, como por el carácter tenebroso de su temática (aquelarres, brujas, demonios). Sus últimos años, tras la reacción absolutista de 1823, los pasó voluntariamente exiliado en Francia, donde pintó Los toros de Burdeos (serie de hermosas litografías) y. La lechera de Burdeos, su última obra importante.

 

Vicente López (1772-1850), que destacó sobre todo como retratista (Goya, Fernando VII), y José de Madrazo (1781-1859), que realizó composiciones de gran teatralidad (Disputa entre griegos y troyanos), son los dos representantes españoles típicos de la pintura neoclásica.

Neoclasicismo Escultura

neoclasicismo escultura El italiano Antonio Canova (1757-1822) es la máxima figura del Neoclasicismo escultórico. Sus obras se caracterizan por una idealización de la figura humana que elimina todo movimiento espontáneo y natural. Cultivó el retrato (Napoleón, Paulina Bonaparte). Erigió también los magníficos monumentos funerarios de los papas Clemente X III y Clemente XIV.

 

El danés Bertel Thorvaldsen (1768-1844) fue un creador muy prolífico: en el Museo Thorvaldsen de Copenhague se conservan más de quinientas obras suyas. Permaneció casi toda su vida en Roma, donde realizó algunas de sus mejores obras de tema mitológico (Eras y Psique, Jasón, Ganímedes y el Aguila). En Inglaterra, el principal representante del Neoclasicismo fue John Flaxman (Sepulcro del Almirante Nelson, en la Catedral de San Pablo de Londres).

 

En Francia, los tres escultores más dignos de mención son Jean-Jacques Pradier (autor de las doce Victorias de la tumba de Napoleón I en Les Invalides). Frangois Rude (grupo de La marsellesa en el Arco de Triunfo de l’Etoile) y David d’Angers. que ya inicia la tendencia romántica.

Neoclasicismo Arquitectura

neoclasicismo arquitectura En Francia, la arquitectura neoclásica comprende dos etapas: el estilo Luis X V I y el estilo imperio, que se distinguen más en el aspecto de la decoración de interiores que en la técnica constructiva.

 

El arquitecto francés más célebre de tiempos de Luis XVI fue Jacques-Ange Gabriel (1698-1782), que restauró ia columnata del Louvre, construyó el teatro de la Ópera y realizó el conjunto arquitectónico-urbanístico de la Place de la Concorde. Otro gran representante del estilo Luis XVI es J. Germain Soufflot (1713-1780), autor del Panteón y de la Escueta de Derecho (en París) y del teatro de Lyon.

 

La obra más representativa del estilo imperio es la iglesia de la Madeleine. hecha siguiendo los planos de Barthelemy Vignon (1762-1828). Durante la época napoleónica se resucitó la moda romana de erigir colmunas conmemorativas (como la de Austerlitz) y arcos de triunfo, como el del Carroussel (debido a Charles
Percier y P.F. Fontaine) y el de la Place de l’Etoile (obra de Chalgrin).

 

En España, la obra de Juan de Villanueva es plenamente neoclásica. Su obra maestra es el Museo de Ciencias Naturales (actualmente Museo del Prado).

 

El triunfo del neoclasicismo se extendió también a América: México (catedral, colegio de Minería), Guatemala (la parte nueva de la ciudad), Cuba (numerosas villas de recreo, particularmente en la zona de Trinidad). Colombia (catedral de Bogotá), Chile (Casa de la Moneda y fachada de la catedral de Santiago) y Uruguay (catedral de Montevideo).

 

Inglaterra se convirtió al nuevo estilo con los hermanos Adam, influidos por Palladio, y con Josiah Wedgwood. Las mejores obras inglesas de este estilo son la Trinity House, el Banco de Inglaterra y el palacio de Buckingham (Londres). En Italia hubo dos centros importantes del neoclásico: Milán, con los arquitectos Piermarini (teatro de la Scala, palacio Real) y del Cagnola (Arco de la Paz) y Roma, con Valadier (Piazza de Popolo) y Simonetti (Museo del Vaticano).

 

La mejor muestra del neoclásico ruso es la ciudad de Leningrado. cuya Academia adoptó las normas estéticas de la parisiense y donde trabajaron sobre todo arquitectos extranjeros: Thomon (columna Poltova, Teatro de Moscú), Montferrand (Catedral de San Isaac), Cario Rossi (Palacio del Senado). En Alemania, fue Berlín el centro más activo (Puerta de Brandeburgo de Langhaus y Museo de Berlín de Schinkel). También Munich, con su Pinacoteca, obra de Klenze.

 

A finales del siglo XVIII, las grandes ciudades estadounidenses contaban con edificios neoclásicos. Su mejor arquitecto fue Jefferson, autor del Capitolio de Richmond y de la Universidad de Charlottesville.

Arte del Neoclasicismo

arte del neoclasicismo

A mediados del siglo XVIII, el estilo neoclásico destruyó las extravagantes formas a las que había llegado el Rococó, restaurando la sencillez de las formas antiguas, tanto en las masas arquitectónicas como en la decoración. Los teóricos del arte de este periodo definieron las nuevas tendencias neoclásicas afirmando que la belleza ideal no existe en la naturaleza, sino que corresponde al hombre crearla con la fuerza de su espíritu artístico; ahora bien, solamente los griegos alcanzaron en su arte esa plenitud, por lo que el artista moderno no tiene más remedio que imitarlos.

Arte Rococó

arte rococó La fase final del arte barroco, por su cada vez mayor libertad estilística, acabó desembocando en una nueva sensibilidad: la rococó. Al principio, esta denominación encerró en tono despectivo, y finalmente pasó a significar, el nuevo estilo decorativo de la Francia de Luis XV.

 

El Rococó nació en los frívolos ambientes de la fantasiosa burguesía francesa, que pretendió convertir la decoración de sus salones en una muestra exterior de riqueza. El Rococó no se consideró un estilo adecuado para edificios religiosos u oficiales, pero sí tuvo una gran aceptación en las casas privadas.

 

El Rococó, que más que un estilo artístico fue una moda cortesana, manifestó una gran preferencia por los materiales brillantes (metales, piedras preciosas, lacas, espejos, sedas) y por las formas extravagantes, sinuosas e imprecisas. Una de las características más revolucionarias del Rococó fue la revalorización de los géneros artísticos considerados menores: grabados, lápices, mobiliarios, miniaturas, porcelanas (entre éstas fueron famosas las de Sévres).

 

La arquitectura rococó alcanzó escaso desarrollo, pues pronto aparecieron las tendencias neoclásicas que iban a sustituirla. Sin embargo, en Francia se construyó el palacio de los Príncipes Doria; en Alemania, los edificios reales de Berlín, Dresde y Munich, y en Viena, el famoso palacio Belvedere.

La Música barroca

la musica barroca A diferencia de lo que ocurría en el Renacimiento, la música del barroco no pretende servir al texto; resalta la relación armónica (en oposición al sentido horizontal del contrapunto); busca un ritmo muy marcado y repetitivo (dando idea de movimiento); emplea con profusión las disonancias (simultaneidad de dos o más sonidos que producen un efecto especialmente destacado), e impide con su complejidad que la música instrumental se pueda cantar.

 

De la clara diferenciación entre música instrumental y vocal nacen nuevas formas musicales.

 

Entre las formas instrumentales son de destacar la suite (sucesión de danzas contrastadas con distintos ritmos), la sonata (composición que consta de varios movimientos diferenciados) y el concerto grosso (sonata en la que intervienen varios instrumentos). En las formas vocales profanas se crea la cantata de cámara (formada por arias y recitados de textos profanos, con acompañamiento de orquesta y coros) y la ópera (representación teatral de textos cantados, en la que se da gran importancia no sólo a los solistas sino también al escenario, orquesta y coros). En la música vocal religiosa tiene especial importancia la cantata de iglesia (igual que la profana, pero con textos religiosos) y el oratorio (similar a la ópera pero sin representar la acción y con texto religioso).

 

Italia

 

Además de Monteverdi, que compuso varias óperas (Orfeo, Retorno de Ulises), son de destacar gran número de músicos extraordinarios.

 

Giulio Caccini (1550-1618) fue uno de los principales animadores de la Camerata Fiorentina que daría origen a la ópera. Compuso arias y madrigales monódicos. Jacopo Peri (1561-1633) es considerado el autor de las primeras óperas (Dafne, que se ha perdido, y Eurídice, que se estrenó en el año 1600). Giacomo Carissimi (1605-1674) fue el gran protagonista del oratorio (Jepthe). Compuso también misas y motetes.

 

Arcangello Corelli (1653-1713) tuvo una influencia considerable en la música de su tiempo. Destacó como violinista y compuso sonatas y concerti grossi. GiuseppeTorelli (1658-1709) compuso sonatas, conciertos y sinfonías de gran belleza. Tomaso Albinoni (16711750) fue autor de óperas, conciertos, sinfonías y sonatas. Giuseppe Tartini (1692-1770) fue un virtuoso del violín. Compuso numerosas sonatas y concerti grossi.

 

Alessandro Scarlatti (1660-1725) dejó una copiosa producción de excelentes óperas, oratorios, cantatas, sonatas y sinfonías.

 

Antonio Vivaldi (1676-1741) es uno de los más grandes genios de la música. En su obra culmina la música instrumental del barroco. Además de las sonatas para violín, del que fue gran virtuoso, escribió gran número de sinfonías y conciertos. También compuso óperas, oratorios y cantatas.

 

Alemania

 

La música en Alemania produjo durante el Barroco obras cuya influencia llega hasta nuestros días.

 

Heinrich Schütz (1585-1672) se formó en la música italiana. En sus Salmos de David, usa todo el lenguaje musical de su tiempo: instrumentos concertados, coros y solistas. Compuso la primera ópera alemana (Daphne) y obras vocales e instrumentales, algunas para órgano, en el que también destacaron Johann Pachelbel (1653-1706) y Dietrich Buxtehude (16371707).

 

Johann Sebastian Bach (1685-1750) procedía de una larga familia de músicos notables. Sus propios hijos (Wilhelm Friedmann, Cari Philipp Emanuel y Johan Christian) fueron más famosos que él mismo, puesto que su obra sólo se empezó a apreciar en su auténtico valor mucho tiempo después de su muerte. Vivió y murió en la pobreza y sólo se le reconoció en vida su faceta de gran organista.

 

Llegó a la música cuando el barroco había producido enorme cantidad de obras y logró llevarlo a su plenitud. Se inspiró en todo el pasado musical y unificó las características italianas, alemanas y francesas, en una síntesis que le convierte en la encarnación más grandiosa del espíritu musical de su tiempo.

 

Compuso cantatas (entre ellas dos grandiosas: La pasión según San Mateo y la de San Juan) , obras para órgano, para clavecín y gran número de composiciones instrumentales como, por ejemplo, los seis Conciertos de Brandeburgo.

 

Georg Philipp Teleman (1681-1767) es otra gran personalidad musical, comparable a los más grandes genios y menos dependiente del espíritu religioso, aunque escribió no menos de cuarenta y cuatro pasiones. Compuso también abundante número de sonatas, conciertos y sinfonías, además de cultivar la ópera.

 

Inglaterra

 

Después del puritanismo de Cromwell, que produjo un decaimiento muy importante, la música recobró toda su importancia.

 

Henry Purcell (1658-1695) destacó como organista y su producción estuvo dedicada sobre todo a la música vocal religiosa. Llevó a su cumbre la ópera (Dido y Eneas) y escribió también gran cantidad de música instrumental.

 

 

Georg Friedrich Hándel (1685-1759) era alemán, pero desarrolló la parte más importante de su carrera en Inglaterra. Escribió óperas y un gran número de obras instrumentales de una calidad extraordinaria. Su mayor gloria reside en la composición de oratorios en los que llega a una de las cumbres de toda la producción barroca.

 

Francia

 

Durante el reinado de Luis XIV, la música francesa está teñida de un gusto clasicista.

 

Juan Bautista Lully (1632-1672), aunque era italiano, dominó toda la música francesa de su tiempo. Su obra es especialmente escénica. Escribió ballets y sobre todo óperas (Perseo, Armida), con cuyas oberturas abrió nuevos caminos a la música instrumental. En la música religiosa (que por serlo pudo escapar de la influencia de la corte) destacaron grandes músicos como Marc Antoine Charpentier (1634-1704), André Campra (1660-1744) y Michel Richard Lalande (16571727).

 

España

 

En España nace en este tiempo la zarzuela (representación teatral en la que se alternan las escenas habladas con las cantadas) y alcanza gran importancia la música para guitarra y para órgano.

 

Gaspar Sanz (1640-1710) es el genio de la guitarra española. La música para órgano tuvo sus principales representantes en Francisco Correa de Arauxo (15751663) y en Juan de Cabanilles (1644-1712).

 

Antonio Soler (1729-1783) es el principal compositor barroco al órgano y al clavicémbalo.

La Pintura Barroca

la pintura barroca

Italia

 

El paso de la pintura manierista a la barroca en Italia se realiza de la mano de Michelangelo Merisi, más conocido por Caravaggio (1573-1610). El arte de Caravaggio representó una auténtica revolución pictórica por sus interés central en los problemas de la luz. Obras suyas son la Virgen de los Peregrinos, La flagelación de Cristo y La degollación del Bautista.

 

La misma reacción de Caravaggio contra el manierismo se puede observar en la labor «ecléctica» de la familia de los Carracci: el mayor, Ludovico (15551619) y sus dos primos Agostino (1557-1602) y Annibale (1560-1609). Entre los continuadores del eclecticismo de los Carracci podemos citar a Guido Reni (1572-1642), que combinó la tradición boloñesa de sus maestros con la caravaggiesca; a Francesco Barbieri, llamado Guercino (1591-1666), que matizó el eclecticismo de Reni con el colorido veneciano, y a Francesco Albani (1578-1660), pintor de composiciones religiosas y mitológicas.

 

Durante el siglo XVIII, Venecia vuelve a situarse en primer plano como centro artístico: el primer pintor de esta nueva etapa de la pintura veneciana fue Giovanni
Battista Piazzeta (1682-1754), que se caracterizó por su gusto por los temas populares y por los contrastes de la luz claroscura y colores luminosos. Del taller de Piazzeta salió el genial Giambattista Tiépolo (1696-1770), el más importante decorador de su siglo, que supo combinar el lujo cromático con el interés narrativo. Decoró numerosos edificios (palacios Labias, de Wurtzburgo y Real de Madrid).

 

Junto a esta gran pintura decorativa florece un género más íntimo, la pintura de vistas (plazas, edificios,escenarios urbanos), en el que destacan Antonio Canaletto y Francesco Guardi.

 

Pintura flamenca: Rubens

 

Cuando parecía que la influencia italiana iba a dominar totalmente la tradición autóctona de la pintura flamenca, se produce una revitalización de ésta de la mano de una figura de primera fila, Peter Paul Rubens (1577-1640), que no sólo es el mayor representante de La escuela de Flandes, sino también uno de los grandes genios de la pintura universal, inspirador de muchas generaciones de pintores hasta el impresionismo.

 

Todo el sentido de vital exuberancia del Barroco encontró una expresión magnífica en su inmensa producción pictórica.

 

Fue un excelente pintor de temas religiosos (como Adoración de los Reyes) y destacó igualmente como uno de los mejores pintores de fábulas mitológicas (Las Tres Gradas). También pintó retratos (como el de Ana de Austria) y escenas de género (Danza de Aldeanos).

 

Antón VanDyck (1599-1641)

 

Realizó muchas obras de temática religiosa que acusan la influencia de Rubens, pero su fama se debe sobre todo a su labor de retratista (Carlos I a caballo).

 

Jacob Jordaens (1593-1678)

 

Buscó la monumentalidad de sus figuras y se interesó por las movidas composiciones a lo Rubens. Sus mejores creaciones son las de tema popular y costumbrista (El sátiro y los campesinos).

 

La pintura holandesa

 

Durante el siglo XVII al producirse la independencia de las Provincias Unidas de Holanda y al adoptar éstas la religión protestante, se produce una cierta ruptura en el terreno artístico. Los pintores holandeses no dedican tanta atención a los cuadros de asunto religioso como los flamencos, prefiriendo las escenas costumbristas, el paisaje y el retrato.

 

FransHals (1581-1666)

 

Desarrolló una técnica hecha de pinceladas ágiles y seguras, de trazo rápido. Aunque trató muchos temas, destaca sobre todo como retratista (Banquete de los Arcabuceros de San Jorge).

 

Johannes Vermeer de Delft (1632-1675)

 

Cultivó escenas de género, retratos y vistas de su ciudad natal. Quizá la nota más característica de su estilo sea la serenidad lograda tanto por la naturalidad de las escenas representadas como por la suave luz que se difumina por sus cuadros (Vista de Delft La niña con turbante).

 

Rembrandt Harmenszoon Van Rijn, llamado Rembrandt (1606-1669)

 

Pintor, dibujante y grabador, es considerado como el mejor pintor de los Países Bajos. En 1632 se instaló en Amsterdam y se casó con Saskia, pintando por aquel entonces algunas de sus mejores obras (La lección de anatomía). Coincidiendo con la muerte de su esposa, pintó La ronda nocturna. Poco después se amancebó con su sirvienta Hendrickje, lo que le valió el rechazo de su puritana sociedad. Entre las obras de esta época podemos destacar El hombre del Casco Dorado y su Toro despellejado. Entre sus desnudos, los más célebres son el Betsabé (Louvre) y la Mujer bañándose en un río. Sus últimas obras ponen de manifiesto las altas cimas de creatividad que alcanzó en su madurez (La novia judía y El hijo pródigo).

 

La pintura en España durante el Barroco

 

La pintura española del Barroco es fuertemente realista, si bien el sentido contrarreformista de la religiosidad hispana matiza este realismo. José de Ribera, el Españoleto (1592-1652) Concede un tratamiento absolutamente realista a los temas mitológicos y religiosos. Entre sus principales obras, destacan Silencio ebrio, San Sebastián y Martirio de San Bartolomé.

 

Francisco de Zurbarán (1598-1664)

 

Realizó una serie de pinturas que siguen un mismo ciclo temático, entre las que destaca La visión de San Pedro Nolasco. En su madurez, la mayoría de sus lienzos representan frailes cartujos en oración.

 

Diego Velázquez (1599-1660)

 

Es el máximo representante de la pintura española de este periodo y uno de los mejores pintores de todos los tiempos. Se inició en el típico tenebrismo barroco, hecho de fuertes contrastes de luz y sombra. Más tarde, al convertirse en pintor de cámara de la corte de Felipe IV, su estilo evolucionaría hacia colores más claros. Las obras maestras de Velázquez son La fragua de Vulcano, Las lanzas. La Venus del espejo, Las meninas y Las hilanderas. En los retratos demostró Velázquez su genio para captar la psicología de los personajes (Conde Duque de Olivares, Inocencio X). La principal innovación estética de Velázquez es el descubrimiento de la perspectiva aérea, es decir, la consecución de la profundidad intrapictórica con el mero recurso de la tonalidad cromática.

 

Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682)

 

Trató diversos géneros, siendo el religioso el que cultivó con preferencia (La Virgen del Rosario, La Sagrada Cena). También logró una gran originalidad en el tratamiento realista de picaros y mozalbetes (Vieja aseando a un niño, Pícaro comiendo melón).

 

Alonso Cano (1601-1667)

 

Tuvo una evolución del tenebrismo a una pintura más luminosa (Bajada al limbo). A su obra pertenece uno de los desnudos más bellos de la pintura española.

 

Claudio Coello (1642-1693)

 

De origen portugués, posee la típica complejidad del Barroco, pero matizada por el realismo. Dominó la técnica del fresco y fue un excelente retratista. Su obra maestra es Carlos I adorando a la Sagrada Forma.

 

Pintura francesa barroca

 

Durante el siglo XVII, en la pintura francesa se hace particularmente evidente el enfrentamiento entre las tendencias clásicas y barrocas.

 

Nicolás Poussin (1593-1665)

 

Fue el creador del llamado paisaje histórico, en el que interpreta muchos de los aspectos del pasado clásico romano, y un excelente pintor de fábulas, en las que encontró una excusa para realizar magníficos desnudos (La muerte de Cermanicus). Al final de su vida realizó una obra de una serenidad increíble: Los pastores de la Arcadia, Las cuatro estaciones.

 

Claude Lorrain (1600-1682)

 

Pintó paisajes que no pretenden ser descripciones objetivas de la naturaleza, sino que son escenarios ideales, bañados por una luz transfiguradora. Entre sus obras más notables destaca El embarque de la reina de Saba.

 

Al mismo tiempo se desarrollaba en Francia una pintura más realista, cuyos más caracterizados representantes son Georges de la Tour (1593-1652) y los hermanos Le Nain: Antoine y Louis.

 

Antoine Watteau

 

El primer gran pintor del siglo XVIII es Antoine Watteau (1648-1721) en cuyos cuadros de brillante colorido, se describe el espíritu de la corte francesa y de los ambientes frívolos de su época. Entre sus mejores obras podemos citar El embarque para la isla de Citerea, Reunión en el parque y Concierto campestre.

 

También Frangois Boucher (1703-1770) se dedicó a pintar la frivolidad de la sociedad cortesana. Su amor al desnudo le convirtió en el mejor pintor erótico de su época (El baño de Diana, El nacimiento de Venus). Jean-Flonoré Fragonard (1732-1806) pintó la sociedad galante, aunque su tono es algo más nostálgico y menos frívolo (El columpio, La familia feliz). También pintó algunos de los mejores retratos del siglo XVIII , como el de Diderot y el de la actriz Colombe.

 

Jean-Baptiste Chardin (1699-1779) tuvo siempre predilección por los temas humildes y las naturalezas muertas. Su técnica representó una novedad respecto a los pintores de su siglo, más preocupados por la descripción que por la materia pictórica misma.

 

Finalmente podemos citar a los dos grandes retratistas del siglo: Jean-Marc Nattier (1685-1766), que destacó en el retrato femenino de ambiente mitológico, y Quentin la Tour (1704-1789), que abandonó la ambientación mitológica y se centró en la profundización psicológica de sus retratados, entre los que se cuentan figuras cortesanas como la célebre Madame de Pompadotir.

 

Pintura inglesa

 

La primera gran figura es William Hogarth (16971764), creador de un tipo de pinturas hasta entonces desconocida, centrada en la crítica social y política. Después de realizar sus célebres series narrativosatíricas (Matrimonio a la moda), una de sus obras más innovadoras es La vendedora de cangrejos, en la que se da un anticipo de la técnica impresionista.

 

Joshua Reynolds (1723-1792) se reveló como un excelente retratista. Sus retratos pueden clasificarse en históricos (Lady Caroline Keppel), retratos de mujeres y niños (La edad de la inocencia), retratos de grupo (La familia Penn) y retratos de escritores célebres (Laurence Sterne, Horace Walpole).

 

Thomas Gainsborough (1727-1788) se caracteriza por un tono lírico, poético, perfeccionista, que le convierte en precursor del Romanticismo. En sus retratos trata siempre de conseguir la fusión de la figura con el paisaje que la enmarca (Paseo matinal).

 

El tercer gran retratista británico fue George Romney (1734-1802). Sus retratos se caracterizan por la perfección del dibujo, la sencillez en la composición y la brillantez del colorido (retratos de Lady Hamilton).